miércoles, 26 de noviembre de 2025

Cada caída de la que te levantas te acerca más a la persona de excelencia que estás llamada a ser


 El avanzar por la vida hacia nuestras metas implica una fuerza de voluntad interior que va adquiriendo carácter conforme nos enfrentamos a las pruebas y obstáculos inherentes a la lucha por alcanzar nuestros sueños, esta lucha en ocasiones deviene en caídas que no deben verse como fracasos sino como la oportunidad de aprender tanto sobre el mundo como sobre nosotros mismos.

 

Cuando algo falla es que hubo algo que salió mal. Este aforismo no es banal sino que nos permite entender que una caída en la vida no debe verse como un fracaso pues un fracaso implica la derrota total y no podemos hablar de una derrota total cuando solo una parte del todo fue la que falló.

 

Por ejemplo, supongamos que vas a hacer un pastel por primera vez. Para ello sigues los pasos e instrucciones contenidos en una receta. Cuando sacas el pastel del horno resulta que éste no quedó como se suponía. Tal vez no se infló, tal vez se infló de más, tal vez quedó duro o demasiado blando, quemado o crudo, pero el resultado final deja mucho que desear del esperado. Revisando los pasos te das cuenta de tu error: un ingrediente lo agregaste en una cantidad indebida.

 

¿Podemos decir que el hacer pasteles para ti debe considerarse como un fracaso y por lo mismo dejarse para siempre de lado? Claro que no, nadie pensaría eso, cuando mucho se aprendería de esto, tanto del proceso como de uno mismo, y a la otra se tendría más cuidado para que el pastel resultara como se supone debe resultar.

 

La vida es igual que ese pastel, solo que más personal para uno. Una caída no implica una derrota completa, total y permanente, sino que debe ser vista como un momento para entender qué falló con la intención de mejorar la lucha y mejorarnos como persona. Así que en vez de esa crítica severa al momento de fallar, hay que ver la caída con esa sabiduría que nos permita arrojar luz sobre lo que somos y lo que podemos llegar a ser.

 

Pero hay un factor oculto en todo esto, un factor con un potencial todavía más enriquecedor como persona si podemos darnos cuenta de ello: la cuestión de la humildad. Cada caída, como hemos dicho, nos permite entender el mundo y a nosotros mismos y a partir de ahí mejorarlo y mejorarnos, pero cuando hablamos de excelencia personal la sencillez, característica de una persona que se sabe finita y falible no tiene precio, a eso es a lo que llamo humildad.

 

Esa humildad nos va revistiendo de un carácter de tolerancia, paciencia y empatía para con los demás ya que nos hemos visto a nosotros mismos en circunstancias adversas por lo que podemos no solo saber qué es sino incluso como se siente cuando uno tropieza por la vida.

 

Luego entonces el mantener la lucha sobre nuestros objetivos sean estos materiales, emocionales, intelectuales o espirituales, incluso cuando viene una caída, nos va fortaleciendo como personas en nuestra voluntad y nuestra intención, y al mismo tiempo nos va dotando de lo necesario para potencializar nuestra humanidad y llegar a ser excelentes en la medida que somos completos ya que no solo hablamos de logros externos sino de conquistas internas.

 

La lucha diaria por lo que deseamos implica en ocasiones caer, caer que en muchas ocasiones depende de factores ajenos a uno mismo, pero el levantarnos solo depende de nosotros y los frutos de ello en ocasiones supera a la meta en sí, después de todo cada caída de la que te levantas te acerca más a la persona de excelencia que estás llamada a ser.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx

                                                    

 

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/3563R5-wPnQ

 

 

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miércoles, 19 de noviembre de 2025

Como dicen que a la oportunidad la pintan calva ¡asegúrate de al menos tú no estar manco!


 

Una frase muy conocida por todos señala que a la oportunidad la pintan calva, esto hace referencia a lo difícil que es poder atraparla, como si quisieras atrapar a un calvo de sus cabellos, pero al mismo tiempo implica el estar preparado para aprovechar la oportunidad.

 

¿Te gustaría ser Jeff Bidelman? Jeff Bidelman estaba realizando trabajos de limpieza en una casa que estuvo abandonada por 20 años, cuando se derrumbó una parte del primer piso, cayendo varias monedas de oro sobre él. Se estima que el valor real de las piezas podría ser de 200,000 dólares, ¿te gustaría ser él? La historia anterior, aunque real, son esos casos de uno en un millón donde el golpe de suerte que le cambia para siempre la vida a una persona llega sin que uno siquiera lo imagine.

 

La vida real es un poco ¿o un mucho? diferente. Más allá de las monedas sin mucho valor que uno pueda encontrar en la calle o incluso de ese billete que olvidamos en un pantalón y nos sorprende encontrarlo en algún momento, nuestra vida transcurrirá sin que encontremos un tesoro como el que encontró Jeff.

 

Pero el no encontrar un tesoro no quiere decir que no tengamos ya uno. Piensa en la capacidad que tienes de pensar, de sentir y en el gran milagro que implica el estar vivo y poder construir tu vida, vamos, piénsalo, ¿cuánto vale eso?

 

En una ocasión en un taller de liderazgo alguien comentó, a mi comentario anterior, que el prefiriera de todas formas encontrarse un tesoro. Yo le pregunté que si cuánto le gustaría encontrarse a lo que me dijo que con un millón de dólares para empezar se conformaría. Muy bien –le contesté yo-, supongamos que alguien te ofrece un millón, no, mejor dos millones por tus ojos. Te quedarías ciego pero tendrías dos millones, ¿aceptarías? La persona no tuvo más que aceptar que no, que por nada del mundo vendería su vista. Bueno –entonces le dije- acabas de descubrir que ya posees un tesoro que supera al que inicialmente deseabas encontrar.

 

Bueno, tenemos un tesoro, podemos estar de acuerdo, pero ahora lo que falta es que le saquemos provecho, ¿y cómo es eso?, pues explotando nuestros potencialidades, habilidades y capacidades y aprovechando cada momento que la vida nos presente para alcanzar nuestra excelencia en la misma.

 

El trabajar nuestra persona tiene muchas aristas, no solo intelectuales como pudiera pensarse sino también emocionales e incluso espirituales, ese trabajar va de la mano con desarrollar nuestro carácter como guerreros en una vida donde las oportunidades se nos presentan pero que depende de nosotros el aprovecharlas.

 

En una ocasión en otro taller de liderazgo hicimos una dinámica sencilla. Todos los participantes parados en círculos debían tener las manos en la espalda y no debían separarlas. Yo tomaba una pelota, suave, de esas que se inflan con aire, y se las lanzaba para que la atraparan. Obvio que nadie podía. ¿Qué pasa? –les pregunté. La respuesta fue que con las manos en la espalda no podían atrapar la pelota. ¡Exacto! –les dije- ahora piensen cada que no logren algo ¿qué es lo que me falta para alcanzar eso que no puedo?

 

Fíjate en la pregunta, el cuestionamiento no va en función de ¿por qué no puedo alcanzar esto o lo otro que quiero?, ya que por experiencia sé que las razones que da la gente en su mayoría va hacia cuestiones ajenas a ellas que les impide lograr lo que quieran, como si quisieran hacer ver que si no han logrado algo es por algún factor externo que se los ha impedido. La pregunta va hacia ese ámbito personal de la responsabilidad individual donde siempre, ante un logro que no se ha concretado, habrá un área de oportunidad para mejorar.

 

Cada momento que experimentemos en nuestra vida esconderá detrás de sí oportunidades para ser y hacer, para crecer como personas y para realizarnos como seres de excelencia, pero eso, como todo, requerirá de nuestra acción decidida, después de todo como dicen que a la oportunidad la pintan calva ¡asegúrate de al menos tú no estar manco!

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx

                                                    

 

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/NXiJA2bm0YY

 

 

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jueves, 13 de noviembre de 2025

¿Fracasos?, para nada, mejor velos como entrenamientos para tu éxito futuro


 

Todos deseamos que nuestros proyectos se coronen con el éxito, de eso no hay duda, pero en ocasiones el camino hacia ese éxito pasa por muchos obstáculos, por muchas caídas, por muchos fracasos, situaciones que al igual que un entrenamiento pueden verse como adquisición de experiencia, valor y carácter.

 

¿Sabías que Walt Disney fundó en 1922 la empresa Laugh-O-Gram Films que terminó en bancarrota un año después?, ¿o que el proyecto de Steve Jobs, Next, se convirtió en un pozo sin fondo para inversores?, ¿o que Stephen King cansado de tantos rechazos a su primera novela quiso tirarla?, ¿o que los estudios y los productores rechazaban a Charles Chaplin porque consideraban que su forma de actuar no se entendería?, ¿o que la empresa de Henry Ford, Detroit Automobile Company, terminó en la bancarrota por las exigencias de Ford en el desarrollo de prototipos y las escasas ventas?, ¿o que a Soichiro Honda, Toyota lo rechazó como ingeniero, un punto de inflexión que aprovechó para dedicarse a su verdadera pasión (las motos) y crear su imperio?

 

Cuando uno ve a las personalidades que han alcanzado éxitos icónicos en la historia de la humanidad tiende a no reconocer los grandes fracasos que acompañaron su ascenso, fracasos que solo templaron su carácter haciéndolos prácticamente invencibles en su determinación y por lo tanto líderes de su propia vida.

 

Las contrariedades de la vida pueden verse de dos maneras, una es fatalista donde uno se deja vencer por esos golpes que la existencia nos da y en la cual dejamos todo de lado tirando nuestros proyectos por la borda. La otra es de  erenidad al entender que es mucho más lo que no depende de nosotros, tomando las cosas con calma y filosofía, aprendiendo de las circunstancias y volviendo de nuevo a la carga. Independientemente de que estas dos posturas son diametralmente opuestas ambas tienen una cosa en común: cualquiera de esas dos decisiones es responsabilidad única y exclusivamente de uno.

 

Me ha tocado ver gente que estando en la primera de las actitudes busca responsabilizar a los demás de sus decisiones, es así como su familia, sus amigos, la sociedad, el gobierno, la vida o Dios es quien tiene la culpa de lo que pasa. Esa es una actitud por demás infantil que a lo mejor le sirve para paliar sus emociones pero que no termina por convencer a nadie, ¿por qué? porque siempre habrá ejemplos de gente en peores circunstancias que salió adelante, además nunca habrá evidencia alguna que permita sostener que la decisión tomada les fue impuesta, al contrario, cada quien decide de manera libre en su fuero interno el camino que desea seguir.

 

En un taller de liderazgo donde toqué este tema, en el receso del mismo se me acercó una persona a la cual le había llegado el comentario pues acaba de pasar por una derrota que aún le calaba hondo y de la cual, según esta persona, había muchas responsabilidades que no eran suyas y que prácticamente la habían llevado a tomar esa decisión.

 

Cuando alguien aborda un tema como este que se comenta con una postura de defensa o de justificación el enfoque que dicha persona trae sigue anclado en el problema, en la caída, en el fracaso, con lo cual su avanzar en la vida se ha detenido, por ello mi estrategia fue diferente, en vez de ahondar más y más en el problema para ver quien tenía la responsabilidad de sus decisiones lo que hice fue salir de ese radio de acción y preguntar por lo que había aprendido de esa situación. Al inicio las respuestas eran bastantes negativas como el “no confiar en”, “no ilusionarme con”, “no volver a”, con lo que el enfoque seguía de nueva cuenta siendo reactivo, pero no solo reactivo sino incluso negativo, así que la  siguiente pregunta fue en el sentido de qué cosas en base a lo aprendido sí se podían hacer y sí se podían emprender.

 

En este momento las respuestas ya fueron diferentes y avanzaron en un sendero de la proactividad positiva con aseveraciones tales como “planear a la otra tal o cual cosa”, “pensar en lo que puedo o no puedo hacer”, “tener cuidado con”, etc. Mi comentario final fue que con ese nuevo bagaje saliera de nuevo a la carga ya que el resultado necesariamente debía ser otro. Con el tiempo me informó esta persona de su éxito, aunque no de la forma que pensaba pues la vida abre sus propios caminos, pero sí como un éxito que no se hubiera logrado si el fracaso hubiera derrumbado permanentemente toda intención por realizar sus metas.

 

Cada golpe que la vida nos da no va en el sentido de hacernos caer sino, al igual que el acero, de templar nuestro carácter y de formar nuestra personalidad para habilitarnos para logros cada vez mayores, así que ya lo sabes ¿fracasos?, para nada, mejor velos como entrenamientos para tu éxito futuro.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

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Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/ySpgeAuzHi0

 

 

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miércoles, 5 de noviembre de 2025

Un sueño puede ser algo difícil de lograr, no lograrlo es aún más difícil de aceptar

 


Los sueños, las metas, aquello que sentimos que tenemos que lograr en nuestra vida, guarda la proporción entre el esfuerzo y la conquista, es decir, mientras mayor sea uno mayor será lo otro, como quiera que sea y a pesar de los pesares, no lograr eso que deseamos supongo es aún más difícil de aceptar que todo el sacrificio para lograrlo.

 

Quiero que pienses en la conquista del polo norte, de la cima del Everest, de la luna, por no mencionar más que algunas de las grandes proezas de que está matizada la historia de la humanidad en todas las áreas, ¿te imaginas todo el esfuerzo que detrás de cada logro individual o colectivo existe? Ahora hazte esta pregunta ¿ese esfuerzo se compensó con el logro de la meta?

 

Tengo una frase personal en la que señalo que el esfuerzo siempre será momentáneo pero que la conquista de la meta es para siempre. Piensa en esto: todo esfuerzo llega un momento en que termina, pero lo que hayas logrado quedará ya para siempre en tu vida como un éxito para ti.

 

Con esto en mente quiero hacerte ver esos momentos de desasosiego donde la carga que implica el esfuerzo pesa tanto que tentados estamos a tirar todo por la borda y a dejar que el fracaso nos arrope. Tengo otra frase en la que digo que ante el cansancio de nuestras luchas uno tiene todo el derecho de descansar, pero nunca de claudicar en lograr lo que nos hemos propuesto.

 

Quiero tengas en mente ambas frases. Cuando cansado estés por la lucha, descansa, retírate, toma un respiro, pero siempre ten en mente que todo tu esfuerzo solo será momentáneo y que una vez que logres la meta ese esfuerzo se diluirá cediendo su espacio al gozo de la conquista.

 

Otro ejercicio que puedes hacer y que recomiendo es pensar en algún logro que te llene de orgullo, que te haga sentir sumamente satisfecho contigo. Puede ser un logro personal, profesional, etc., pero debe cumplir la característica de ser algo que realmente te haga sentir bien, piensa en todo lo que en su momento tuviste que esforzarte para conseguir, momentos en que seguramente el fantasma de la claudicación sacó su cabeza sin que te lograras amedrentar por ello, ¿tu vida sería la misma si te hubieras dado por vencido?

 

Ahora bien, en este punto de la argumentación quiero hacerte ver una cosa, el esfuerzo y el logro de la meta son dos cosas relacionadas pero distintas, eso ya se ha comentado, lo otro que debes tener en mente es que toda lucha que emprendas te estará formando, no, mejor aun: transformando, en una persona diferente, con mayores recursos, con mayor carácter, con mayor fortaleza, es como un entrenamiento solo que en este caso aunque logres la meta el cambio personal no desaparece sino que te habilita para lograr más y mejores cosas en tu vida.

 

Las batallas que constantemente estarás enfrentando en tu vida lograrán en ti grandes cambios pues modificarán la manera en que tienes de ver el esfuerzo y el logro, de la misma forma los sacrificios que el logro de las metas impliquen dejarán su espacio a la satisfacción de haber conseguido lo que te habías propuesto, así que no lo olvides: un sueño puede ser algo difícil de lograr, no lograrlo es aún más difícil de aceptar.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

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Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/OGafg5UQCHE

 

 

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