jueves, 26 de marzo de 2026

Hacer lo correcto, aunque a veces no sea lo conveniente, requiere de carácter


 La construcción de todo proyecto de vida debería partir de una idea clara de lo que quisiéramos lograr el final, algo así como la respuesta a “cuándo todo esto termine, ¿cómo quisiera verme?”, esta respuesta nos permitirá entender la necesidad de hacer lo correcto aunque esto a veces no sea lo conveniente.

 

El autor Stephen R. Covey tiene una obra titulada “El Liderazgo Centrado en Principios”, en esa obra Covey señala lo que a su parecer son ocho principios que todo líder práctica: (1) aprende continuamente, (2) es orientado a servir, (3) irradia energía positiva, (4) cree en las otras personas, (5) se mueve en balance, (6) enfoca su vida como una gran aventura, (7) entiende y practica la sinergia, y (8) practica la renovación personal. A riesgo de ser muy simplista yo resumiría esos principios en uno: hace lo correcto aunque no sea lo conveniente.

 

En la actualidad una oleada amenaza la vida personal, profesional y social, esa oleada es la del actuar a conveniencia. Este actuar a conveniencia carece totalmente de principios y valores y se enfoca en lo que mejores beneficios y rendimientos a corto plazo sobre todo personales se puedan obtener. La miopía de un proyecto de vida con una visión así estriba en que carece de viabilidad y sustentabilidad pues se fundamenta en los vaivenes de las situaciones, pero peor aún: cede la dirección de nuestro proyecto de vida a las variables y circunstancias ajenas a uno mismo que vayan apareciendo en nuestro camino.

 

Aunque Covey no lo hubiera dicho en su libro, la condicionante de los líderes establece precisamente que tienen y demuestran un carácter como persona que les permite erigirse como líderes. Pensemos en cualquier líder, alguien que aunque ya no esté con nosotros siga manteniendo el reconocimiento de su liderazgo a pesar del paso del tiempo y veremos en él ese carácter que le permite hacer lo correcto más allá de lo conveniente.

 

Lo conveniente generalmente, si no es que siempre, no es otra cosa más que la expresión del miedo: hago esto pues si hago lo otro ganaré menos, o me embroncaré más, o me señalarán, etc., etc., etc., y si se fundamenta en el miedo entonces nos hace reos de una de las peores facetas que como seres humanos podemos experimentar ya que el miedo agota, reprime, destruye.

 

La única manera de vivir un proyecto de vida real es sin miedo, y esto solo puede lograrse cuando se tienen valores y principios pero además se tiene esa fuerza interna personal que llamo carácter para vivir, defender e incluso imponer esos valores y principios a las adversidades, retos y obstáculos que puedan experimentarse.

 

Ese carácter, al igual que esos principios y valores que podríamos tener en nuestra vida, no surgen de la noche a la mañana, se van construyendo desde nuestra más tierna infancia y fortaleciendo conforme vamos creciendo. Pero esto no quiere decir que no podamos hacer nada si a estas alturas todo ello no ha sido cultivado, claro que siempre puede hacerse algo, solo que mientras más tarde comience uno más trabajo, esfuerzo y ¿por qué no? dolor implicará.

 

Cualquier situación que haga que esa voz interna nos diga que no vamos por donde deberíamos puede servirnos para detenernos un momento y pensar y evaluar nuestro actuar. En ese momento son tres preguntas las que puede ayudarnos a generar ese carácter para hacer lo correcto más que lo conveniente: ¿me gustaría me hicieran a mí esto que yo ahora voy a hacer?, ¿este actuar me hace sentir orgulloso ante mí mismo y ante los demás?, ¿seguiría con la decisión de hacer esto si hoy fuera mi último día de vida?

 

Si cualquier cosa que pensemos requiere de esfuerzo para hacerla ¡ahora imaginemos el esfuerzo que se requerirá cuando hablamos de algo como un proyecto de vida!, pero de la misma forma no puede haber mayor satisfacción que trabajar en eso que somos y más aún, en lo que podemos llegar a ser, pero para ello se requiere saber y tener en cuenta que hacer lo correcto, aunque a veces no sea lo conveniente, requiere de carácter.

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx

                                                    

 

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/F81KW5QNLDo

 

 

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jueves, 19 de marzo de 2026

No pienses en las caídas como algo injusto, piensa mejor como algo que te hace humano


 Desde el primer momento en que en nuestra más tierna infancia nos pusimos de pie todos sabían que en algún momento nos caeríamos, conforme hemos ido creciendo esas caídas físicas han dado lugar a las caídas personales, pero estas últimas al igual que las primeras, solo señalan dos cosas: una es que estamos en la lucha por avanzar en nuestra vida, la otra y muy importante es que somos humanos.

 

A nadie nos gusta equivocarnos. Cuando la responsabilidad de algo que no se logra recae sobre nosotros no hay manera, al menos lógica y creíble, de responsabilizar a los demás por lo que el peso a cargar es doble: el de la caída y el de la responsabilidad de la misma.

 

Una caída, como menciono, puede ser un quebranto momentáneo o bien un fracaso permanente. En el primer caso hablamos de situaciones adversas que nos afectan en nuestro andar sin detenerlo del todo, mientras que en el segundo hablamos de la cancelación de toda esperanza por continuar nuestra lucha. Independientemente de si hablamos de infortunio temporal o definitivo, el verdadero problema es la animosidad negativa que esto nos genera. Piensa en esto: la meta que por una u otra razón has dejado temporal o definitivamente de alcanzar está igual respecto de ti que cuando comenzaste a luchar por ella, es decir, sigue estando fuera de tu alcance, pero la falla experimentada en su consecución ha acarreado a tu vida, sobre todo a tu vida interna, un estado de ánimo que no solo merma la calidad de la misma sino que socava tus proyectos

futuros.

 

¿Querías lograr algo y no pudiste? A veces así pasa, ¡ah!, ¿pero eso te ha traído una pesadumbre que como loza aplasta tu vida? Que mal, si antes no tenías lo que buscabas y no estabas mal, ¿por qué ahora sí lo estás? Si vemos de otra forma una situación como esta podríamos concluir que todo tu esfuerzo para lo único que sirvió fue para dejarte peor que antes. Y no creo ese sea el objetivo de nuestra lucha.

 

Entonces, ¿cómo ver las caídas que experimentamos? ¿Y quien dijo que las teníamos que ver de una u otra forma? Las caídas no se ven: se experimentan, se aceptan y se dejan de lado mientras retomamos nuestra vida. Pero no solo eso, si logramos hacernos dueños de nuestro andar las caídas, por más estruendosas que sean, pueden incluso traer cosas buenas a nuestra vida, ¿cómo qué? como sencillez, humildad, tolerancia, empatía.

 

En la edad media los alquimistas buscaban con denuedo la famosa piedra filosofal, una sustancia que según esto facultaba para transmutar el plomo en oro. Nunca la encontraron. Pero lo interesante de esto es que tu, yo y todos nosotros podemos erigirnos en estos tiempos como verdaderos alquimistas al tomar nuestra vida en nuestras manos sin permitir que las caídas sean quienes la dominen y convertir, transmutar, esos malos estados internos que las caídas traen a nuestra vida en verdaderas pepitas de oro para nuestro desarrollo humano.

 

Una técnica muy sencilla para lo anterior: cuando estés experimentando un momento aciago motivo de una caída hazte la siguiente pregunta: ¿hasta dónde voy a permitir que este quebranto que acabo de experimentar trastoque mi proyecto de vida? El solo hecho de hacerte esta pregunta te permitirá poner las  cosas en perspectiva y recobrar la plenitud de tus habilidades para tomar las decisiones que te permitan retomar tu andar.

 

Quiero cerrar retomando el ejemplo dado al inicio. Piensa en todos los cientos, miles, millones de pasos que has dado y compara con las pocas, poquísimas caídas en comparación que has experimentado, pues bien, de la misma forma los logros y realizaciones que como persona tendrás serán mucho mayores que tus caídas si te mantienes en la lucha, así que no pienses en las caídas como algo injusto, piensa mejor como algo que te hace humano.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx

                                                    

 

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/hjSkM9DuC5U

 

 

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jueves, 12 de marzo de 2026

Al inicio los límites no alcanzarás y ya luego ¡los límites no importarán!


 Los humanos somos seres duales, por un lado estamos limitados por el tiempo y el espacio y por otro no conocemos límites cuando de ideas, creatividad o trascendencia hablamos, éstas dos dualidades coexisten en nosotros y de las dos

debemos aprender y enriquecernos sin dejar nunca que una excluya a la otra.

 

“¿Falta mucho para llegar?”, esta frase es aquella con la que los niños hacen un viaje más pesado al estar preguntando constantemente por el tiempo que falta para llegar a nuestro destino y es que desde que nacemos sabemos que todo tiene un principio y un final así que el camino que se inicia para llegar a una parte cuenta con un término al cual se desea llegar y por el que se pregunta.

 

Esta actitud de preocuparse por el principio y el final de algo, podemos extrapolarla a los aspectos de nuestra vida, sean estos personales, profesionales, familiares, sociales y demás, cuando constantemente estamos poniendo nuestra atención en lo que consideramos los límites que nos acotan.

 

Cualquier cosa que emprendas tiene (o al menos así lo sentirás) límites propios que te condicionan. Por ejemplo: estudiar algo implica que tendrás que dedicarle tiempo y esfuerzo (incluso en ocasiones dinero) lo cual es finito y por lo tanto debe ser bien aprovechado. De la misma forma cualquier cosa que hagas podrás identificarle ciertos límites que por decirlo en cierta forma constituyen condicionantes que no pueden soslayarse.

 

No quiero disertar sobre si los límites que pudiéramos enumerar de una u otra actividad de la vida humana existen o no, doy por hecho que si, al menos muchos de ellos, pero lo que sí me parece de importancia resaltar es ese cambio que el andar por la vida, más bien el luchar en la vida, va haciendo en ti y que es que esos límites pierden importancia pues la vida misma adquiere el valor que de inicio debe tener.

 

Me gusta ejemplificar esto como aquel deportista o acróbata que cuando comienza a practicar algún deporte o a preparar una nueva acrobacia, está pendiente de las condiciones limitantes para hacer bien las cosas e incluso para proteger su integridad física, pero conforme este deportista o este acróbata va adquiriendo maestría en su desempeño la actividad fluye casi automáticamente con una destreza y una seguridad que los límites iniciales prácticamente se borran del horizonte de quien ahora puede decir domina lo que emprendió.

 

Fíjate que hablé de “maestría”, pues bien, esa maestría que no es otra cosa que el dominio de lo que hacemos, puede realizarse en todos los aspectos de nuestra vida que nos propongamos, incluso en nuestra vida en conjunto, con lo que los límites con los que nos topemos, existan realmente o no, pasarán a un segundo término pues lo que adquirirá importancia será lo que somos y lo que hacemos. Quiero explicar esto último ya que cuando los límites son los que están en primer lugar en tu vida estamos hablando de un enfoque en la misma hacia cosas que no eres tú sino más bien cosas que funcionan como fronteras para ti, pero cuando se adquiere esa maestría esos límites existan o no ya no son prioridad uno sino que tú misma vida se vuelve, o más bien recobra, la importancia cardinal que siempre debe tener.

 

¿Y qué puede hacerse para poner tu vida y no los límites en primer lugar? Una técnica muy sencilla (yo a estas técnicas las llamo “técnicas de bolsillo”) es que en este momento pienses en algo que en alguna ocasión consideraste imposible de realizar y que finalmente terminaste consiguiendo. El pensar en eso te debe hacer ver que en muchas ocasiones los límites, que pueden ser reales o no, actúan como barreras reales que finalmente son franqueadas si nuestra voluntad nos mantiene en la pelea.

 

Dicen que todo en esta vida requiere de esfuerzo, mucho o poco, pero esfuerzo al fin, y es verdad, ese esfuerzo si es constante nos permite desarrollar un carácter a prueba de todo y avanzar incluso a pesar de lo que tengamos en contra, así que no detengas tu andar recuerda que al inicio los límites no alcanzarás y ya luego ¡los límites no importarán!

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

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miércoles, 4 de marzo de 2026

No es golpeando el suelo como avanzaras en la vida, sino dando pasos firmes y decididos


 Muchas reflexiones sobre liderazgo, emprededurismo y motivación hacen referencia al peso que para conseguir algo tiene nuestra actitud ante las luchas cotidianas que experimentaos, y esto es verdad, pero hay que agregar que la variable actitud también tiene un peso enorme en las caídas que uno experimenta.

 

Las reflexiones sobre la actitud aunada al esfuerzo necesario para alcanzar las metas y objetivos que nos propongamos es algo que seguro estoy todos conocemos, todos hemos oído, y en muchos casos, todos hemos aplicado. Cuando uno sale a la batalla en pos de lo que desea necesita ir con la totalidad de  sus recursos para ello, y esos recursos se aglutinan en la actitud que nos envuelva como coraza.

 

Una actitud correcta, es decir, optimista pero no ingenua, valerosa pero no aventurada, emotiva pero no irrazonable, nos permite focalizar nuestros recursos y nuestros esfuerzos así como dinamizar las fuerzas físicas, mentales, emocionales y espirituales para avanzar en pos de lo que nos hemos planteado. Pero la cuestión de la actitud no se circunscribe solamente a la faena de buscar conseguir  o que queremos, sino también al aspecto que tiene que ver con los golpes que experimentemos en nuestro andar, golpes en la forma de fracasos, caídas y derrotas.

 

Ya en otras ocasiones he señalado claramente que no existen fracasos o derrotas permanentes, de hecho he comentado que solo podemos decir que hemos fracasado o que se nos ha derrotado cuando decidimos dejar de luchar, mientras tanto podemos pensar en esos momentos de oscuridad en nuestro andar como algo pasajero, un bache, a veces muy hondo, del cual saldremos más delante.

 

Y es en esos momentos aciagos donde la actitud con que los enfrentemos tendrá mucho que decir para las acciones subsecuentes que tomemos. Esa actitud para nada está relacionada con el derrotismo o el fatalismo que tan fácilmente viene a nosotros cuando ante un escollo sentimos venirse el mundo encima y evaporarse la meta que estábamos persiguiendo.

 

Ese derrotismo al cual me refiero quiere decir que maximizamos los obstáculos a los cuáles nos enfrentamos, sobre todo porque ante las caídas pareciera que esos obstáculos son más fuertes que nuestra determinación por salir adelante, pero esto no es así ya que incluso en la vida real uno puede tropezarse con una pequeña piedra lo cual no vuelve a esa piedra una montaña inamovible.

 

El fatalismo es peor pues no tiene que ver con algo tan específico como un obstáculo, como en el caso del derrotismo, sino con una visión sombría de nuestra existencia donde creemos que todo nos sale mal o que nunca podremos lograr nada de lo que nos hemos propuesto.

 

Ambas actitudes son tremendamente pesadas, como una losa de concreto que quisiéramos cargar voluntariamente para detenernos y no avanzar más. ¿Te fijas que he dicho voluntariamente?, así es, voluntariamente pues nadie nos impone ni el derrotismo ni el fatalismo pero son actitudes que permiten, al menos así lo vemos, el justificar el tirar todo por la borda.

 

Siempre he mencionado que en nuestro andar nos podemos tomar un descanso, sobre todo en situaciones adversas como las que menciono, pero nunca claudicar de conseguir nuestras metas. Vale esto para lo que estamos comentando. En vez de la actitud derrotista o fatalista es mejor descansar, despejar la mente, el alma, el espíritu y volver de nuevo a la carga cuando hayamos recobrado nuestras energías y sobre todo la actitud correcta para seguir en la lucha.

 

Obstáculos para lograr lo que nos propongamos siempre encontraremos, de la misma forma en nuestro interior siempre tendremos dos opciones ante las caídas que experimentemos: tirar todo por la borda o seguir luchando, tú decidirás en todos los casos, solo recuerda que no es golpeando el suelo como avanzaras en la vida, sino dando pasos firmes y decididos.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

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Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/-BLF1L9pem4

 

 

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