jueves, 29 de enero de 2026

Un buen líder comparte sus triunfos y retiene para si las derrotas


 El ser líder es una faceta que guarda muchas aristas, aristas que tienen que ver lo mismo con la persona que es reconocida como líder que con las acciones y resultados que ésta realiza, siendo en estos últimos, los resultados, un espacio para motivar cuando son favorables y para aprender cuando no lo son.

 

¿Qué es lo que hace un líder? Pudiéramos señalar varias cosas tales como establecer o proponer objetivos, estrategias y acciones, hasta dirigir, estructurar y motivar a la gente para alcanzar lo propuesto, y esto solo por mencionar algunos aspectos habiendo muchos que se relacionan con el ser líder. Pero hay uno que en pocas ocasiones es abordado y que tiene que ver con los resultados que se obtienen.

 

Teniendo en mente la reflexión anterior pensemos en los resultados que un grupo guiado por un líder llega a obtener y hagámonos dos preguntas ¿esos resultados se hubieran logrado si nadie hubiera estado con el líder? No lo creo así. La otra pregunta es ¿hay alguna responsabilidad en el líder cuando los resultados alcanzados no son los deseables? Yo creo que sí. Veamos estos dos aspectos.

 

Una acción grupal bajo la guía de un líder solo tiene razón de ser cuando se requiere precisamente de esa acción grupal. Si las metas que se establecen no requieren que varias gentes se pongan de acuerdo y con la dirección de un liderazgo se alcance, el grupo y el líder no tiene razón de ser y simplemente no se da. Luego entonces tenemos que los resultados que necesariamente requieran varias voluntades serán en su consecución el resultado del esfuerzo de todos.

 

Por otra parte, cuando un resultado requiere la acción grupal bajo el liderazgo de guía, y a pesar de los esfuerzos del equipo dichos resultados difieren de lo que se buscaba, existe cierta responsabilidad en el líder ya que por definición el líder es quien propone y asigna objetivos, revisa y supervisa las acciones, y juzga y valora

los resultados previos, con lo que un mal resultado puede implicar que parte de este proceso a su cargo no se realizó correctamente.

 

¿Qué siempre hay situaciones ajenas que pueden ser adversas al proyecto grupal bajo la guía de un líder? Así es, pero eso debe verlo y preverlo el líder, de no hacerlo así de nuevo hablamos de una falla en su liderazgo.

 

¿Y a qué viene esta reflexión? A algo muy sencillo pero de gran alcance en cuanto a los resultados que bajo la guía de un líder se obtengan: el reconocimiento de los aciertos y de los errores. Dado que los logros favorables son gracias al esfuerzo de todos, el reconocimiento de los mismos debe ser compartido, pero de la misma forma dado que los resultados desfavorables señalan hacia deficiencias en el liderazgo los mismos deben ser aceptados en su responsabilidad por quien ejerció ese liderazgo.

 

Lo anterior además de ser una consecuencia lógica de las ideas que aquí se han venido exponiendo forma también parte de la labor del líder en cuanto a lo que es motivación, ya que lo primero motiva al grupo mientras que lo segundo lo desmotiva y la idea de líder es de alguien con una capacidad para aceptar ese tipo de derrotas pero aquilatarlas en el trabajo de equipo para las batallas que vengan por delante.

 

Liderazgo es una palabra que aunque de moda conlleva una gran responsabilidad por parte de quien ostente ese reconocimiento lo mismo para sí mismo que para quienes lo siguen, y en ese orden de ideas quien desee ser reconocido como tal debe entender que un buen líder comparte sus triunfos y retiene para si las derrotas.

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx

                                                    

 

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/ItLrg68uQgI

 

 

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jueves, 22 de enero de 2026

¿En el camino de tu vida te tropezaste con una piedra?, ¡qué bien: úsala en la construcción de tu vida!


 

Si hay algo de lo que podemos estar seguros en esta vida es precisamente de que no podemos estar seguros de nada, esta situación lejos de permitir cause desasosiego en nosotros debe movernos a adoptar una actitud proactiva en nuestro proyecto personal que nos permita utilizar a nuestro favor incluso aquellas adversidades que enfrentemos.

 

Seguro estoy que todos conocemos la historia de una o dos personas que a pesar de los grandes desafíos que enfrentaron en su vida lograron hacer de ésta algo de excelencia al grado de volverse un referente, pero no solo eso sino que esas mismas personas reconocen que en muchas ocasiones esas adversidades fueron el origen de la grandeza que lograron realizar.

 

Lo anterior puede parecer contradictorio pues uno esperaría que una adversidad tuviera un impacto negativo en lo que queremos lograr más que un impacto positivo, y este razonamiento aunque correcto guarda un error en el mismo ya que solo considera a la adversidad en sí sin considerarnos a nosotros como el sujeto que lleva las riendas del proyecto de vida.

 

Si las cosas que enfrentamos fueran las que definieran nuestra vida realmente sería muy poco lo que podríamos lograr pues estaríamos a merced de que las circunstancias externas fueran completamente favorables, pero los ejemplos de gentes que teniendo todo en contra lograron salir adelante nos dice que esto no es así sino que somos nosotros los que finalmente decidimos que hacer con lo que vivimos.

 

Volviendo a los ejemplos que conocemos, yo creo que también pueden venírsenos a nuestra mente los casos de dos o tres personas que enfrentando adversidades no supieron sobreponerse a las mismas dando al traste con su proyecto de vida. Sin tratar de juzgar de una manera absoluta esto, pues cada quien sabe lo que vive, sí podemos señalar que ante los diferentes resultados vivenciales de gente que ha experimentado adversidades, debe haber algo personal, íntimo, que define el resultado final.

 

Piensa en algo que hayas experimentado y que creíste resultaría para mal en tu proyecto de vida, pero que ahora visto a la distancia no podemos decir que así fue, sino que al contrario, sirvió para hacerte alguien mejor. Vamos, piénsalo, no puede ser tan difícil ya que todos tenemos experiencias que en su momento creímos devastadoras para nosotros y que vistas ya en el tiempo pierden ese cariz pero nos dejan algo de valor.

 

Con esa reflexión quiero que veas que en muchas ocasiones eso negativo que hemos vivido, incluyendo lo positivo que pudo habernos dejado, ha sido más bien una cuestión de causalidad que de volición, es decir, se dio por que sí más que por que lo hayamos querido así.

 

De la misma forma quiero que pienses que si eso es posible de darse solo por qué sí, también debe ser posible de darse por que nosotros lo queramos. ¡Esa es nuestra ventana de oportunidad en nuestro proyecto de vida! El hacernos responsables del mismo y el buscar todas las experiencias para sacar lo mejor de nosotros por más desagradables que éstas pudiesen en su momento ser.

 

No me digas que la vida es pesada, que los retos son insalvables, o que las adversidades son abrumadoras, ¿en el camino de tu vida te tropezaste con una piedra?, ¡qué bien: úsala en la construcción de tu vida!

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

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Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/97BMBI4EvBQ

 

 

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viernes, 16 de enero de 2026

Un buen líder siempre va al frente de sus seguidores y si vienen problemas se adelanta aún más


 

El reconocimiento del liderazgo personal es algo que la mayoría ve como positivo,

deseable, anhelado, pero la cuestión que en ocasiones se pasa por alto implica el también reconocer, entender y aceptar que ese liderazgo implica ciertos sacrificios, sacrificios que permiten a los demás confiar en la labor de uno como líder.

 

En una ocasión en un taller de liderazgo les pedí a los participantes que enlistaran aquellas cosas por las que quisieran en algún momento dado ser reconocidos como líderes. El trabajo fue por equipo y cada equipo generó una lista de no menos de diez ítems relacionados con lo anterior, todos ellos muy agradables tales como creatividad, decisión, inteligencia, don de gentes, etc.

 

Una vez que cada equipo hizo y presentó esa relatoría, yo les presenté un listado de otros diez ítems donde venían cuestiones que no eran tan agradables, tales como riesgo, luchas, soledad, ataques, vituperios, desasosiego, etc. Con ese listado pedí levantaran su mano los que quisieran vivir eso. Obvio que nadie la levantó.

 

Al poner las dos relatorías de ítems, las que cada equipo había generado y la que yo les presentaba, les comenté que ese era el paquete de ser líder. No solo lo agradable que cada equipo había señalado sino también las otras cuestiones que están aunadas a lo que significa ser un líder.

 

La misma imagen del líder es de alguien que va por delante de sus seguidores, tanto de una manera real como metafórica, y eso implica que ante los riesgos,  iderazgo todos los quisiéramos, pero también sé que el ser líder implica grandes esfuerzos personales, esfuerzos que conociéndolos uno no puede ocultarlos de las gentes que desean alcanzar ese reconocimiento pues no sería honesto de nuestra parte.

 

¿Y todo esto para qué? pues para desarrollar ese nivel de conciencia, de conocimiento, de voluntad que requiere ser un líder. De la misma forma para medir y medirnos en esta cuestión e identificar esas, no digamos debilidades, sino áreas de oportunidad que nos permitan enfocar las acciones necesarias para desarrollar el liderazgo, liderazgo que sostengo siempre empieza con nosotros mismos antes de extenderlo hacia los demás.

 

El liderazgo es algo que aunque es deseado en ocasiones no es correctamente construido, esta corrección en la construcción implica tener en ambas manos tanto lo negativo como lo positivo de tal papel y saber desempeñarlo con valor y carácter incluso en las situaciones más adversas, después de todo un buen líder siempre va al frente de sus seguidores y si vienen problemas se adelanta aún más.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

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Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/NxFVNSSizkg

 

 

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viernes, 9 de enero de 2026

Solo se está derrotado cuando se decide dejar de luchar


 La finitud de los eventos que experimentamos en la vida nos genera una impresión donde todo tiene un principio y un final, extrapolado esto a nuestros proyectos de vida el final de ese esfuerzo se entiende como un éxito o un fracaso en función de si se cumplió o no lo que se buscaba, pero como todo proyecto se circunscribe dentro del proyecto mayor que es nuestra vida la derrota no tiene cabida en tanto sigamos luchando.

 

La vida conlleva en su misma esencia una naturaleza de tal dinamismo que es literalmente imposible el concretizarla como si de un hecho conocido, entendido y explicado a cabalidad se tratara. Los cambios al orden del día, la infinitud de ideas y sentimientos subyacentes, las múltiples variables correlacionadas, y la enormidad de lo que desconocemos le confiere un carácter de misterio reverencial.

 

Pero por otro lado nuestra mente busca constantemente el entender lo que experimenta para lo cual establece parámetros de pensamiento donde reduce al mínimo lo experimentado tanto en las variables, sus procesos y sus resultados, con la finalidad de poder manipular la información en un sentido práctico.

 

Estos dos extremos deben ser comprendidos para buscar un punto medio donde la maestría sobre nuestra existencia se lleve a cabo en un ambiente que nos permita avanzar constantemente hacia mejores estados de desarrollo.

 

Este comentario va en el sentido de aquellos proyectos en los cuales definimos el éxito o fracaso de los mismos en función de las metas y objetivos que nos hayamos establecido, lo cual es correcto desde el punto de vista de la finitud de nuestro pensamiento que concretiza lo abstracto, pero en un sentido más amplio y

relacionado con el misterio que es nuestra vida esa percepción no tiene lugar.

 

Supongamos que emprendes un proyecto, el que sea, y que éste no resultó en lo esperado por lo cual consideras se fracasó en el mismo. Visto el proyecto como un proceso de inicio y fin, donde hay insumos y esfuerzos aplicados, la valoración del éxito o fracaso está correctamente en función del resultado obtenido, pero, el gran pero, es que ese proyecto no es tu vida ni mucho menos la define o circunscribe, los resultados que se obtengan, sean estos buenos o malos, pueden ser aquilatados como experiencia y usarse en la construcción del proyecto mayor que es tu existencia.

 

Yo no conozco una sola persona de éxito, incluso éxito en el sentido común que todos entendemos, que no haya experimentado eso que podríamos denominar fracasos; lo que sí conozco son muchos casos de éxito en los cuales encontramos fracasos pero que curiosamente éstos no son vistos como tales por estas personas sino más bien como experiencias que los fueron formando, moldeando, hasta llegar a ser lo que ahora son.

 

El fracaso, la derrota, no existe como tal pues casos hay de sobras donde de la peor situación puede sacarse un provecho mayor. Esto es innegable. Incluso situaciones que se vean ya sin sentido alguno, es decir, grandes fracasos de proyectos, han generado las presiones necesarias para detectar una gran oportunidad de vida en medio de la crisis experimentada.

 

Las caídas que en nuestro andar experimentamos deben ser vistas a la luz de un andar mayor que es nuestra vida, si nuestra vida no se ha terminado entonces no podemos pensar en un fracaso pues aún estamos en proceso de logro y conquista, no habiendo mayor proyecto que el de nuestra propia existencia, así que no olvides que solo se está derrotado cuando se decide dejar de luchar.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

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Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/MG5d9HFT3DY

 

 

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viernes, 2 de enero de 2026

Superar un reto te capacita para, por un lado, esperar un reto mayor, y por otro, ayudar a otros a superarlo


 

Una tónica de la motivación relacionada con la consecución de nuestras metas señala la lucha constante que debemos hacer para lograr esto, pero algo que en ocasiones se deja de lado es también señalar con claridad la habilitación de que somos objeto con cada sueño que conquistamos.

 

El ser humano es un ente permanentemente insatisfecho, no lo digo esto con un ánimo de señalar un vacío existencial sino más bien un constante buscar hacer más, tener más, ser más. Esa insatisfacción que todos damos por hecha al parecer la olvidamos cuando estamos trabajando por lograr un sueño o una meta, ¿por qué digo esto?, pues porque muchos suponen, al menos en la práctica, que una vez que logren lo que buscan o desean sus esfuerzos terminarán y podrán ponerse a descansar sin luchar más, lo cual no es así.

 

¿Qué es lo que realmente sucede? –y que por cierto en ocasiones tiende a deprimir a quienes experimentan esto-, pues que una vez que se conquista un sueño, una meta o un objetivo, lo que sigue es otra lucha, otro camino, otro esfuerzo. Claro que si tú tienes claro que este andar es así no experimentarás ese desasosiego, sino que al lograr tus propósitos te sabrás y sentirás listo para lo que viene.

 

A eso es a lo que me refiero cuando señalo que el logro de algo te habilita para buscar algo mayor, ya que la lucha experimentada te ha dado la fortaleza y la experiencia para sentirte capaz de hacer más, de lograr más, de ser más. Pero esa habilitación es solo una parte de la consecuencia de tus luchas, la otra está en la responsabilidad que adquieres ante los demás, responsabilidad que podemos señalar como solidaridad.

 

Esta solidaridad la explico señalando que la habilitación que adquieres, si bien te faculta para nuevos retos, también te faculta para ayudar a los demás a que superen los suyos. Cuando expreso esta idea, por lo menos en confianza, hay quienes señalan que eso no es su responsabilidad, que cada quien debe luchar por lo que quiere y que dependerá solo de ellos el lograrlo o no, pero quiero explicarlo de otra forma.

 

Piensa en cualquier sueño, meta u objetivo que te haga sentir muy orgulloso de haberla logrado, piensa en este momento en todas esas cosas que tuviste que hacer, incluso esos pequeños logros que tuviste que alcanzar al lograr lo que buscabas, piénsalo un momento, ahora te pregunto ¿realmente tú lo hiciste sólo?, ¿no hubo gente que te ayudó de una u otra forma?

 

Realmente considero muy difícil si no es que imposible el que alguien logre algo sin deberle nada a nadie, veamos una cosa tan simple como leer y escribir. Muchos de nuestros logros requieren de eso, así que estamos en deuda con aquellas personas que desde nuestra más tierna infancia nos enseñaron esto.

 

De la misma forma podemos ir avanzando en nuestra vida y encontrar muchas personas que nos fueron ayudando a construirnos como personas hasta llegar a ser lo que somos. Obvio que cuando nos referimos a una meta en concreto podemos identificar o no a quienes nos hayan ayudado o no para lograrla, pero más allá de quien tuvo una incidencia directa están las decenas de personas cuya incidencia indirecta –como los ejemplos que acabo de mencionar- nos facultó para lograr el sueño, meta u objetivo en cuestión.

 

Así que eso de ayudar a los demás no es una acto de altruismo o de buena voluntad sino de reconocimiento de nuestra deuda con muchas personas que antes nos ayudaron y cuya forma de pagarles es ayudando a los que en nosotros buscan una guía, un apoyo, un empuje.

 

La habilitación que cada esfuerzo va haciendo en nosotros nos genera un carácter, una fuerza y una voluntad que nos permitirá avanzar en el logro de nuestras metas y ayudar a avanzar a los demás en la consecución de las suyas, después de todo superar un reto te capacita para, por un lado, esperar un reto mayor, y por otro, ayudar a otros a superarlo.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

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Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/MG5d9HFT3DY

 

 

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jueves, 25 de diciembre de 2025

Tu no escoges muchas de las batallas que pelearas en tu vida, pero si puedes elegir la actitud con la que lo harás


 La vida personal e íntima de cada quien, cual camino que no ha sido aún transitado, presenta un sinfín de experiencias para las que no estamos preparados en el sentido de saber lo que nos depara ese andar, pero independientemente de eso en todo momento podemos llevar una actitud que permita el avanzar en nuestro proyecto de vida.

 

¿Cuántas veces al andar por un camino que nunca hemos recorrido nos hemos encontrado lo mismo con parajes atractivos que con situaciones desagradables? Yo creo que un sinfín de ocasiones. De la misma forma ¿cuántas de esas veces que hemos iniciado un andar por un camino desconocido lo hemos hecho lo mismo con una actitud abierta que con una precaución activa? También creo que en todas las ocasiones.

 

De la misma forma que el ejemplo anterior, nuestra vida no es otra cosa más que un sendero inexplorado. Nadie en ningún momento y bajo ninguna circunstancia ha andado lo que nosotros vamos a andar. ¿Qué las vidas de unos y otros son similares? Así es: son similares, pero no exactamente iguales.

 

Las experiencias, ideas, sentimientos, vivencias, aprendizajes, y un sinfín de etcéteras hacen que cada andar sea único e irrepetible. Más allá de lo pasmoso que significa esta reflexión, la misma va en un sentido de la actitud que podemos tener ante la vida. Y fíjate que digo podemos, no debemos.

 

Ese “podemos” implica una capacidad volitiva de decisión. Por más que las circunstancias sean adversas las mismas no son definitorias de lo que somos y de lo que podemos ser. Eso de quejarse o justificarse de lo que hicimos o no por las condiciones a las que nos enfrentamos no es más que un intento (así es, solo eso: un intento) por transferir la responsabilidad de nuestras acciones.

 

Y aunque esa transferencia de responsabilidad fuese posible (premisa con la que no estoy de acuerdo), los efectos de dichas acciones no lo serían, es decir, las consecuencias de lo que hicimos o dejamos de hacer quedarían por siempre y para siempre con nosotros, así que ¿para qué perder tiempo tratando de justificar cuando más bien debemos poner nuestro esfuerzo en tratar de lograr? ¿Qué a veces no se puede lograr todo lo que uno se propone?, ¿qué a veces los obstáculos son real y objetivamente insalvables?, ¿qué a veces las circunstancias son tan adversas que prácticamente definen el resultado de la batalla? Supongamos que todo eso fuera verdad, la discusión no estriba en ello sino más bien en la actitud que puedes (de nuevo: puedes) tener ante la vida.

 

Esa actitud de lucha, optimismo, esfuerzo, esperanza, valor, dirección, etc. etc. etc. es algo con lo que no nacemos (aunque puede tengamos alguna disposición) sino que es algo que vamos construyendo, curiosamente a través de intentarlo. Es como el que sobresale en cualquier deporte quien para lograr eso inició simplemente practicándolo hasta adquirir una maestría que lo hace sobresaliente.

 

La vida es un espacio infinito donde nos movemos hacia experiencias únicas e irrepetibles, experiencias que nos van desarrollando y permitiendo alcanzar nuestro máximo potencial, experiencias que de la misma forma pueden suponer retos, retos ante los cuales nosotros decidimos como actuar, después de todo tu no escoges muchas de las batallas que pelearas en tu vida, pero si puedes elegir la actitud con la que lo harás.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

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Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/ComRFTSRduE

 

 

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miércoles, 17 de diciembre de 2025

Para vislumbrar un sueño valioso hay que estar bien despierto y para realizarlo, bien activo


 Así como el árbol más frondoso nace de una pequeña semilla, de la misma forma nuestras más grandes metas nacen de los sueños que sobre ellas tenemos, y siguiendo el símil del árbol, los frutos de éste serán los logros que obtengamos de realizar nuestros sueños a través de trabajar por ellos.

 

Cuando en liderazgo, motivación y emprendedurismo hablamos de sueños, no nos referimos a ese estado onírico propio de cuando dormimos, sino a la ideación activa en nuestra mente de las metas y objetivos que queremos lograr. El término sueño dota a esas metas y objetivos de una íntima esencia personal diferente a las metas y objetivos aunados con cosas ya que éstos, nuestros sueños, implican deseos, anhelos y esperanzas que tienen que ver con nuestra propia esencia y nuestro más grande potencial.

 

Con todo y todo y aunque suene contradictorio, al hablar de estos sueños, es decir, de esas metas y objetivos que no solo buscan tener más sino hacernos ser más, estamos hablando de una situación donde la característica validadora de estas ideaciones mentales requieren estar lúcidos, es decir, bien despiertos.

 

Cuando digo que se requiere estar bien despiertos me refiero a que más allá de los castillos en el aire, hablando coloquialmente, nuestros sueños para ser vistos como partes de un proceso de logro y conquista, requieren claridad en cuanto a los qué, cómo, dónde, con qué, por qué y para qué.

 

Un buen ejercicio es que a esas metas y objetivos que te propongas les apliques la “prueba de fuego” de pasar las preguntas mencionadas anteriormente, de no ser así tal vez se requiera trabajar un poco más con el sueño para tener claridad en cuanto a él antes de emprender las acciones que creamos convenientes. Ahora bien, no quiere decir que las preguntas que hemos mencionado deben tener en todos los casos respuestas concretas, amplias, detalladas, pero al menos una aproximación a ellas que nos permitan guiar con sentido nuestras acciones.

 

Y ya que hablamos de acciones, la realización de todo sueño requiere de una extrema actividad. De la misma forma quiero aclarar que esa actividad, contrariamente a lo que pudiera pensarse, no se refiere solo a las acciones que emprendamos sino también a los pensamientos y las emociones que comprometamos con las mismas.

 

Es por eso que al referirnos a la realización de los sueños hablamos de estar bien activos, ya que esa actividad incluye, claro, las acciones que emprendamos, pero también las ideas y sentimientos que pongamos en ello.

 

Por esto último es que en muchas ocasiones lo que las personas emprenden no llega muy lejos: porque se tiene, eso sí, una meta bien clara así como acciones necesarias para lograrlas, pero no hay ese compromiso mental y emocional por lo que a la primera de cambios o ante el desgaste de las pruebas que se presentan se desiste de buscar el sueño.

 

Así como las preguntas que podemos hacernos para evaluar la claridad de nuestros sueños, de la misma forma la “prueba de fuego” para evaluar la calidad de nuestras acciones consiste en analizar las ideas y emociones que subyacen en las mismas, si dichas acciones carecen de ese nivel de compromiso habrá que tener mucho cuidado pues faltaría un ingrediente clave para conseguir lo que nos proponemos y que yo llamo pasión.

 

¿Cuál sería la solución de esos dos aspectos, es decir, de los sueños y de las acciones si no pasan las pruebas de fuego mencionadas aquí? Una solución que desde siempre se nos ha dicho: más que tratar de crear ese fuego interno que nos impela a avanzar en la vida, debemos de seguir aquellos andares que en cada paso nos hagan vibrar, sentirnos vivos, y saber que estamos llamados a soñar y lograr eso que nos propongamos.

 

La claridad de nuestros sueños y la calidad de nuestras acciones nos permiten evaluar el camino que hemos decidido andar y evaluarnos como personas en cada paso que damos, después de todo para vislumbrar un sueño valioso hay que estar bien despierto y para realizarlo, bien activo.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

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