viernes, 13 de febrero de 2026

Creer que perder una batalla es perder la guerra es tener una visión de muy corto plazo


 Sin duda alguna que una de las pruebas más difíciles que como personas podemos experimentar es cuando nos enfrentamos a los tropiezos y caídas que relacionamos con el fracaso, pero de la misma forma podemos tener la sabiduría para ver y entender que una caída no implica el final de nuestro caminar.

 

En una ocasión en un taller de liderazgo pregunté que si cuántos de los que estaban ahí habían experimentado alguna caída en su vida, algún tropezón en el andar hacia sus metas y objetivos, obvio que todos levantaron la mano; luego pregunté que dado que veía a todos ahí era más que obvio que su vida no había terminado ¿qué fue lo que sucedió?, respuestas más respuestas menos contestaron que habían seguido adelante. Ese es el resumen de todos los cursos de motivación, liderazgo y emprendedurismo a los que puedan ir, les señalé.

 

A veces estamos tan enfrascados en nuestros problemas que necesitamos que alguien externo a ellos y a nuestra vida nos diga cosas que pueden parecer obvias pero que de otra forma no veríamos. Es como el que se está ahogando, en ocasiones requerirá que otra persona se lance al agua a sacarlo pues en su misma desesperación es capaz de ahogarse pues no piensa en ese momento ni mucho menos coordina sus movimientos.

 

Va este comentario porque me doy cuenta que en muchas ocasiones las respuestas de la vida son extremadamente obvias y sencillas, pero el camino para llegar a ellas puede ser largo y extenuante. Este de seguir nuestro andar a pesar de las caídas es una de esas respuestas.

 

En los cursos que doy me extiendo mucho más sobre este tema hasta que queda claro pues me he dado cuenta que el énfasis motivacional también puede confundir a las personas al hacerles creer que casi casi deben ser ajenos a los problemas que enfrentan, lo cual no es así. En esos eventos dejo muy claro que está bien detenernos un poco, llorar, deprimirnos, descansar en otras palabras, pero no ver la caída como el final de nuestro andar y entender que una vez renovado las fuerzas debemos volver a la lucha.

 

Este punto medio es el que me gusta resaltar: ni dejarse derrotar por las caídas, pero tampoco pensar que no podemos detenernos un poco para descansar cuando enfrentemos una. El otro punto es sustentar mis argumentos con las vivencias personales de cada uno, por eso la pregunta de las caídas que se han experimentado y el seguir andando que se ha practicado.

 

Tú no estás en un evento como ese pero sí lees esto y puedes hacer las reflexiones anteriores. Piensa en un momento de vida oscuro, difícil, un momento en el que experimentaste una caída de la cual pensaste nunca recuperarte. Incluso puede ser que en efecto esa caída implicara el no seguir en pos de tal proyecto. Pero date cuenta como la vida siguió y tú con ella y como es que llegaste a donde ahora estas con mayor fuerza, carácter y entereza.

 

Ese carácter, fuerza y entereza se refleja en el hecho de que tu vida siguió y tú con ella y de que fuiste capaz de hallar una salida a aquel problema que experimentaste. ¿Y la meta? Bien pudiste seguir en pos de ella o tal vez no. Hay metas que no están ahí para nosotros. La cuestión es seguir avanzando. ¿Y cómo sé si una meta estaba ahí para mí o no? sencillo: si a pesar de que ha pasado el tiempo sigue ese fuego interno relacionado con la meta consumiéndote entonces es algo que debes seguir procurando, si no tal vez sea mejor que sigas con tu vida, ya vendrán más retos y por ende logros.

 

La vida está llena de éxitos y fracasos, éxitos y fracasos que no nos definen como personas pero que sí podemos usarlos como peldaños en esa escalera de vida que usamos para llegar a ser más y mejores, así que no lo olvides creer que perder una batalla es perder la guerra es tener una visión de muy corto plazo.

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx

                                                    

 

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/h3yCjYUIi0o

 

 

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jueves, 5 de febrero de 2026

Ante las circunstancias, un buen líder reacciona, un gran líder se adelanta, y un excelente líder las crea


 La cuestión del liderazgo y ser líder tiene varias vertientes, una es reactiva, otra es proactiva y otra es creativa, pero en todas estas vertientes independientemente de sus diferencias la gran similitud del líder es la congruencia entre lo que piensa, dice y hace.

 

El liderazgo es estudiado por muchos pero practicado por pocos. Con esta frase inicié un taller sobre liderazgo y una vez generado la polémica pasé a explicar el por qué de esto. Contrariamente a lo que se cree, liderazgo no solo es que alguien logre que otros lo sigan ya que si ese liderazgo no tiene una base sólida de ideas, motivos y objetivos se convierte en una motivación inicial sin más resultados que la decepción grupal.

 

El verdadero liderazgo, tomando incluso la definición del mismo, implica conocer y conocerse: conocer a los demás, sus intereses, sus carencias, sus deseos, sus temores; conocerse uno mismo en las limitaciones, potencialidades, debilidades, fortalezas. Con este conocimiento visualizar acciones y estrategias y entonces sí, dinamizar al grupo para avanzar en pos de lo establecido.

 

Curiosamente muchos tienen en mente un solo tipo de liderazgo tipificado por la persona que guía y motiva, pero ese liderazgo en realidad tienen tres vertientes: la reactiva, la proactiva y la creativa y las tres están bien pues cada una se corresponde con la personalidad del líder, el temperamento del grupo y las características de la situación en particular.

 

El liderazgo reactivo es aquel que ante las situaciones que enfrenta establece acciones que le permitan sacar el mayor provecho de ellas bien potencializando  as oportunidades o disminuyendo las amenazas. El liderazgo proactivo es aquel que se adelanta a los hechos y busca en relación a estos marcar una pauta de acción que permita dirigir más que ser dirigido. El liderazgo creativo es aquel que innova, que sueña, que crea, que establece formas óptimas, ideales, incluso utópicas de ser y hacer y luego busca la manera de llevar esas ideas a la práctica, a la realidad.

 

Este análisis viene a colación pues en ocasiones se quiere ajustar a la persona a un tipo de liderazgo cuando más bien debe ser al revés. El liderazgo es el que se debe ajustar a la persona. Si eres cauteloso y esperas a tener todos los elementos el liderazgo que te queda es el reactivo. Si eres dinámico, te gusta estar en acción y no puedes esperar a que todos los elementos encajen para poder ejecutar tus acciones el tipo de liderazgo que te está es el proactivo. Si eres osado, arriesgado, incluso imprudente, el liderazgo que te caracteriza es el creativo.

 

¿Cuál de esos tres liderazgos es mejor? Ni uno ni otro ni otro. Los tres dependen como te comenté de ti, tus seguidores y las circunstancias. Pero si se me permite extenderme en esta respuesta diré que el líder de excelencia es el que sabe combinar en sí mismo estas tres tipologías pues las condicionantes anteriores le marcan la pauta para ello.

 

Así, una misma persona puede ser en un dado momento un líder reactivo, en otro momento un líder proactivo y en otro momento un líder creativo. Igual si no se te da manejar estos tres liderazgos en tu persona no hay problema: usa y explota aquel que te calce, pero entonces sí pon mucha atención en las batallas que emprendas, no vaya a ser que una batalla que requiera cierto tipo de liderazgo la emprendas con otro que no ajuste y entonces los resultados no sean los esperados.

 

Ser líder más que una técnica es un arte, el arte de conocerse, de conocer a los demás y de conocer o al menos vislumbrar el futuro, un futuro que motive que mueva, que dinamice las acciones personales y grupales hacia un objetivo común.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

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Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/zsLwDllQo-E

 

 

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jueves, 29 de enero de 2026

Un buen líder comparte sus triunfos y retiene para si las derrotas


 El ser líder es una faceta que guarda muchas aristas, aristas que tienen que ver lo mismo con la persona que es reconocida como líder que con las acciones y resultados que ésta realiza, siendo en estos últimos, los resultados, un espacio para motivar cuando son favorables y para aprender cuando no lo son.

 

¿Qué es lo que hace un líder? Pudiéramos señalar varias cosas tales como establecer o proponer objetivos, estrategias y acciones, hasta dirigir, estructurar y motivar a la gente para alcanzar lo propuesto, y esto solo por mencionar algunos aspectos habiendo muchos que se relacionan con el ser líder. Pero hay uno que en pocas ocasiones es abordado y que tiene que ver con los resultados que se obtienen.

 

Teniendo en mente la reflexión anterior pensemos en los resultados que un grupo guiado por un líder llega a obtener y hagámonos dos preguntas ¿esos resultados se hubieran logrado si nadie hubiera estado con el líder? No lo creo así. La otra pregunta es ¿hay alguna responsabilidad en el líder cuando los resultados alcanzados no son los deseables? Yo creo que sí. Veamos estos dos aspectos.

 

Una acción grupal bajo la guía de un líder solo tiene razón de ser cuando se requiere precisamente de esa acción grupal. Si las metas que se establecen no requieren que varias gentes se pongan de acuerdo y con la dirección de un liderazgo se alcance, el grupo y el líder no tiene razón de ser y simplemente no se da. Luego entonces tenemos que los resultados que necesariamente requieran varias voluntades serán en su consecución el resultado del esfuerzo de todos.

 

Por otra parte, cuando un resultado requiere la acción grupal bajo el liderazgo de guía, y a pesar de los esfuerzos del equipo dichos resultados difieren de lo que se buscaba, existe cierta responsabilidad en el líder ya que por definición el líder es quien propone y asigna objetivos, revisa y supervisa las acciones, y juzga y valora

los resultados previos, con lo que un mal resultado puede implicar que parte de este proceso a su cargo no se realizó correctamente.

 

¿Qué siempre hay situaciones ajenas que pueden ser adversas al proyecto grupal bajo la guía de un líder? Así es, pero eso debe verlo y preverlo el líder, de no hacerlo así de nuevo hablamos de una falla en su liderazgo.

 

¿Y a qué viene esta reflexión? A algo muy sencillo pero de gran alcance en cuanto a los resultados que bajo la guía de un líder se obtengan: el reconocimiento de los aciertos y de los errores. Dado que los logros favorables son gracias al esfuerzo de todos, el reconocimiento de los mismos debe ser compartido, pero de la misma forma dado que los resultados desfavorables señalan hacia deficiencias en el liderazgo los mismos deben ser aceptados en su responsabilidad por quien ejerció ese liderazgo.

 

Lo anterior además de ser una consecuencia lógica de las ideas que aquí se han venido exponiendo forma también parte de la labor del líder en cuanto a lo que es motivación, ya que lo primero motiva al grupo mientras que lo segundo lo desmotiva y la idea de líder es de alguien con una capacidad para aceptar ese tipo de derrotas pero aquilatarlas en el trabajo de equipo para las batallas que vengan por delante.

 

Liderazgo es una palabra que aunque de moda conlleva una gran responsabilidad por parte de quien ostente ese reconocimiento lo mismo para sí mismo que para quienes lo siguen, y en ese orden de ideas quien desee ser reconocido como tal debe entender que un buen líder comparte sus triunfos y retiene para si las derrotas.

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

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Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/ItLrg68uQgI

 

 

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jueves, 22 de enero de 2026

¿En el camino de tu vida te tropezaste con una piedra?, ¡qué bien: úsala en la construcción de tu vida!


 

Si hay algo de lo que podemos estar seguros en esta vida es precisamente de que no podemos estar seguros de nada, esta situación lejos de permitir cause desasosiego en nosotros debe movernos a adoptar una actitud proactiva en nuestro proyecto personal que nos permita utilizar a nuestro favor incluso aquellas adversidades que enfrentemos.

 

Seguro estoy que todos conocemos la historia de una o dos personas que a pesar de los grandes desafíos que enfrentaron en su vida lograron hacer de ésta algo de excelencia al grado de volverse un referente, pero no solo eso sino que esas mismas personas reconocen que en muchas ocasiones esas adversidades fueron el origen de la grandeza que lograron realizar.

 

Lo anterior puede parecer contradictorio pues uno esperaría que una adversidad tuviera un impacto negativo en lo que queremos lograr más que un impacto positivo, y este razonamiento aunque correcto guarda un error en el mismo ya que solo considera a la adversidad en sí sin considerarnos a nosotros como el sujeto que lleva las riendas del proyecto de vida.

 

Si las cosas que enfrentamos fueran las que definieran nuestra vida realmente sería muy poco lo que podríamos lograr pues estaríamos a merced de que las circunstancias externas fueran completamente favorables, pero los ejemplos de gentes que teniendo todo en contra lograron salir adelante nos dice que esto no es así sino que somos nosotros los que finalmente decidimos que hacer con lo que vivimos.

 

Volviendo a los ejemplos que conocemos, yo creo que también pueden venírsenos a nuestra mente los casos de dos o tres personas que enfrentando adversidades no supieron sobreponerse a las mismas dando al traste con su proyecto de vida. Sin tratar de juzgar de una manera absoluta esto, pues cada quien sabe lo que vive, sí podemos señalar que ante los diferentes resultados vivenciales de gente que ha experimentado adversidades, debe haber algo personal, íntimo, que define el resultado final.

 

Piensa en algo que hayas experimentado y que creíste resultaría para mal en tu proyecto de vida, pero que ahora visto a la distancia no podemos decir que así fue, sino que al contrario, sirvió para hacerte alguien mejor. Vamos, piénsalo, no puede ser tan difícil ya que todos tenemos experiencias que en su momento creímos devastadoras para nosotros y que vistas ya en el tiempo pierden ese cariz pero nos dejan algo de valor.

 

Con esa reflexión quiero que veas que en muchas ocasiones eso negativo que hemos vivido, incluyendo lo positivo que pudo habernos dejado, ha sido más bien una cuestión de causalidad que de volición, es decir, se dio por que sí más que por que lo hayamos querido así.

 

De la misma forma quiero que pienses que si eso es posible de darse solo por qué sí, también debe ser posible de darse por que nosotros lo queramos. ¡Esa es nuestra ventana de oportunidad en nuestro proyecto de vida! El hacernos responsables del mismo y el buscar todas las experiencias para sacar lo mejor de nosotros por más desagradables que éstas pudiesen en su momento ser.

 

No me digas que la vida es pesada, que los retos son insalvables, o que las adversidades son abrumadoras, ¿en el camino de tu vida te tropezaste con una piedra?, ¡qué bien: úsala en la construcción de tu vida!

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

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Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/97BMBI4EvBQ

 

 

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viernes, 16 de enero de 2026

Un buen líder siempre va al frente de sus seguidores y si vienen problemas se adelanta aún más


 

El reconocimiento del liderazgo personal es algo que la mayoría ve como positivo,

deseable, anhelado, pero la cuestión que en ocasiones se pasa por alto implica el también reconocer, entender y aceptar que ese liderazgo implica ciertos sacrificios, sacrificios que permiten a los demás confiar en la labor de uno como líder.

 

En una ocasión en un taller de liderazgo les pedí a los participantes que enlistaran aquellas cosas por las que quisieran en algún momento dado ser reconocidos como líderes. El trabajo fue por equipo y cada equipo generó una lista de no menos de diez ítems relacionados con lo anterior, todos ellos muy agradables tales como creatividad, decisión, inteligencia, don de gentes, etc.

 

Una vez que cada equipo hizo y presentó esa relatoría, yo les presenté un listado de otros diez ítems donde venían cuestiones que no eran tan agradables, tales como riesgo, luchas, soledad, ataques, vituperios, desasosiego, etc. Con ese listado pedí levantaran su mano los que quisieran vivir eso. Obvio que nadie la levantó.

 

Al poner las dos relatorías de ítems, las que cada equipo había generado y la que yo les presentaba, les comenté que ese era el paquete de ser líder. No solo lo agradable que cada equipo había señalado sino también las otras cuestiones que están aunadas a lo que significa ser un líder.

 

La misma imagen del líder es de alguien que va por delante de sus seguidores, tanto de una manera real como metafórica, y eso implica que ante los riesgos,  iderazgo todos los quisiéramos, pero también sé que el ser líder implica grandes esfuerzos personales, esfuerzos que conociéndolos uno no puede ocultarlos de las gentes que desean alcanzar ese reconocimiento pues no sería honesto de nuestra parte.

 

¿Y todo esto para qué? pues para desarrollar ese nivel de conciencia, de conocimiento, de voluntad que requiere ser un líder. De la misma forma para medir y medirnos en esta cuestión e identificar esas, no digamos debilidades, sino áreas de oportunidad que nos permitan enfocar las acciones necesarias para desarrollar el liderazgo, liderazgo que sostengo siempre empieza con nosotros mismos antes de extenderlo hacia los demás.

 

El liderazgo es algo que aunque es deseado en ocasiones no es correctamente construido, esta corrección en la construcción implica tener en ambas manos tanto lo negativo como lo positivo de tal papel y saber desempeñarlo con valor y carácter incluso en las situaciones más adversas, después de todo un buen líder siempre va al frente de sus seguidores y si vienen problemas se adelanta aún más.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

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Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/NxFVNSSizkg

 

 

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viernes, 9 de enero de 2026

Solo se está derrotado cuando se decide dejar de luchar


 La finitud de los eventos que experimentamos en la vida nos genera una impresión donde todo tiene un principio y un final, extrapolado esto a nuestros proyectos de vida el final de ese esfuerzo se entiende como un éxito o un fracaso en función de si se cumplió o no lo que se buscaba, pero como todo proyecto se circunscribe dentro del proyecto mayor que es nuestra vida la derrota no tiene cabida en tanto sigamos luchando.

 

La vida conlleva en su misma esencia una naturaleza de tal dinamismo que es literalmente imposible el concretizarla como si de un hecho conocido, entendido y explicado a cabalidad se tratara. Los cambios al orden del día, la infinitud de ideas y sentimientos subyacentes, las múltiples variables correlacionadas, y la enormidad de lo que desconocemos le confiere un carácter de misterio reverencial.

 

Pero por otro lado nuestra mente busca constantemente el entender lo que experimenta para lo cual establece parámetros de pensamiento donde reduce al mínimo lo experimentado tanto en las variables, sus procesos y sus resultados, con la finalidad de poder manipular la información en un sentido práctico.

 

Estos dos extremos deben ser comprendidos para buscar un punto medio donde la maestría sobre nuestra existencia se lleve a cabo en un ambiente que nos permita avanzar constantemente hacia mejores estados de desarrollo.

 

Este comentario va en el sentido de aquellos proyectos en los cuales definimos el éxito o fracaso de los mismos en función de las metas y objetivos que nos hayamos establecido, lo cual es correcto desde el punto de vista de la finitud de nuestro pensamiento que concretiza lo abstracto, pero en un sentido más amplio y

relacionado con el misterio que es nuestra vida esa percepción no tiene lugar.

 

Supongamos que emprendes un proyecto, el que sea, y que éste no resultó en lo esperado por lo cual consideras se fracasó en el mismo. Visto el proyecto como un proceso de inicio y fin, donde hay insumos y esfuerzos aplicados, la valoración del éxito o fracaso está correctamente en función del resultado obtenido, pero, el gran pero, es que ese proyecto no es tu vida ni mucho menos la define o circunscribe, los resultados que se obtengan, sean estos buenos o malos, pueden ser aquilatados como experiencia y usarse en la construcción del proyecto mayor que es tu existencia.

 

Yo no conozco una sola persona de éxito, incluso éxito en el sentido común que todos entendemos, que no haya experimentado eso que podríamos denominar fracasos; lo que sí conozco son muchos casos de éxito en los cuales encontramos fracasos pero que curiosamente éstos no son vistos como tales por estas personas sino más bien como experiencias que los fueron formando, moldeando, hasta llegar a ser lo que ahora son.

 

El fracaso, la derrota, no existe como tal pues casos hay de sobras donde de la peor situación puede sacarse un provecho mayor. Esto es innegable. Incluso situaciones que se vean ya sin sentido alguno, es decir, grandes fracasos de proyectos, han generado las presiones necesarias para detectar una gran oportunidad de vida en medio de la crisis experimentada.

 

Las caídas que en nuestro andar experimentamos deben ser vistas a la luz de un andar mayor que es nuestra vida, si nuestra vida no se ha terminado entonces no podemos pensar en un fracaso pues aún estamos en proceso de logro y conquista, no habiendo mayor proyecto que el de nuestra propia existencia, así que no olvides que solo se está derrotado cuando se decide dejar de luchar.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

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viernes, 2 de enero de 2026

Superar un reto te capacita para, por un lado, esperar un reto mayor, y por otro, ayudar a otros a superarlo


 

Una tónica de la motivación relacionada con la consecución de nuestras metas señala la lucha constante que debemos hacer para lograr esto, pero algo que en ocasiones se deja de lado es también señalar con claridad la habilitación de que somos objeto con cada sueño que conquistamos.

 

El ser humano es un ente permanentemente insatisfecho, no lo digo esto con un ánimo de señalar un vacío existencial sino más bien un constante buscar hacer más, tener más, ser más. Esa insatisfacción que todos damos por hecha al parecer la olvidamos cuando estamos trabajando por lograr un sueño o una meta, ¿por qué digo esto?, pues porque muchos suponen, al menos en la práctica, que una vez que logren lo que buscan o desean sus esfuerzos terminarán y podrán ponerse a descansar sin luchar más, lo cual no es así.

 

¿Qué es lo que realmente sucede? –y que por cierto en ocasiones tiende a deprimir a quienes experimentan esto-, pues que una vez que se conquista un sueño, una meta o un objetivo, lo que sigue es otra lucha, otro camino, otro esfuerzo. Claro que si tú tienes claro que este andar es así no experimentarás ese desasosiego, sino que al lograr tus propósitos te sabrás y sentirás listo para lo que viene.

 

A eso es a lo que me refiero cuando señalo que el logro de algo te habilita para buscar algo mayor, ya que la lucha experimentada te ha dado la fortaleza y la experiencia para sentirte capaz de hacer más, de lograr más, de ser más. Pero esa habilitación es solo una parte de la consecuencia de tus luchas, la otra está en la responsabilidad que adquieres ante los demás, responsabilidad que podemos señalar como solidaridad.

 

Esta solidaridad la explico señalando que la habilitación que adquieres, si bien te faculta para nuevos retos, también te faculta para ayudar a los demás a que superen los suyos. Cuando expreso esta idea, por lo menos en confianza, hay quienes señalan que eso no es su responsabilidad, que cada quien debe luchar por lo que quiere y que dependerá solo de ellos el lograrlo o no, pero quiero explicarlo de otra forma.

 

Piensa en cualquier sueño, meta u objetivo que te haga sentir muy orgulloso de haberla logrado, piensa en este momento en todas esas cosas que tuviste que hacer, incluso esos pequeños logros que tuviste que alcanzar al lograr lo que buscabas, piénsalo un momento, ahora te pregunto ¿realmente tú lo hiciste sólo?, ¿no hubo gente que te ayudó de una u otra forma?

 

Realmente considero muy difícil si no es que imposible el que alguien logre algo sin deberle nada a nadie, veamos una cosa tan simple como leer y escribir. Muchos de nuestros logros requieren de eso, así que estamos en deuda con aquellas personas que desde nuestra más tierna infancia nos enseñaron esto.

 

De la misma forma podemos ir avanzando en nuestra vida y encontrar muchas personas que nos fueron ayudando a construirnos como personas hasta llegar a ser lo que somos. Obvio que cuando nos referimos a una meta en concreto podemos identificar o no a quienes nos hayan ayudado o no para lograrla, pero más allá de quien tuvo una incidencia directa están las decenas de personas cuya incidencia indirecta –como los ejemplos que acabo de mencionar- nos facultó para lograr el sueño, meta u objetivo en cuestión.

 

Así que eso de ayudar a los demás no es una acto de altruismo o de buena voluntad sino de reconocimiento de nuestra deuda con muchas personas que antes nos ayudaron y cuya forma de pagarles es ayudando a los que en nosotros buscan una guía, un apoyo, un empuje.

 

La habilitación que cada esfuerzo va haciendo en nosotros nos genera un carácter, una fuerza y una voluntad que nos permitirá avanzar en el logro de nuestras metas y ayudar a avanzar a los demás en la consecución de las suyas, después de todo superar un reto te capacita para, por un lado, esperar un reto mayor, y por otro, ayudar a otros a superarlo.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

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