jueves, 26 de marzo de 2026

Hacer lo correcto, aunque a veces no sea lo conveniente, requiere de carácter


 La construcción de todo proyecto de vida debería partir de una idea clara de lo que quisiéramos lograr el final, algo así como la respuesta a “cuándo todo esto termine, ¿cómo quisiera verme?”, esta respuesta nos permitirá entender la necesidad de hacer lo correcto aunque esto a veces no sea lo conveniente.

 

El autor Stephen R. Covey tiene una obra titulada “El Liderazgo Centrado en Principios”, en esa obra Covey señala lo que a su parecer son ocho principios que todo líder práctica: (1) aprende continuamente, (2) es orientado a servir, (3) irradia energía positiva, (4) cree en las otras personas, (5) se mueve en balance, (6) enfoca su vida como una gran aventura, (7) entiende y practica la sinergia, y (8) practica la renovación personal. A riesgo de ser muy simplista yo resumiría esos principios en uno: hace lo correcto aunque no sea lo conveniente.

 

En la actualidad una oleada amenaza la vida personal, profesional y social, esa oleada es la del actuar a conveniencia. Este actuar a conveniencia carece totalmente de principios y valores y se enfoca en lo que mejores beneficios y rendimientos a corto plazo sobre todo personales se puedan obtener. La miopía de un proyecto de vida con una visión así estriba en que carece de viabilidad y sustentabilidad pues se fundamenta en los vaivenes de las situaciones, pero peor aún: cede la dirección de nuestro proyecto de vida a las variables y circunstancias ajenas a uno mismo que vayan apareciendo en nuestro camino.

 

Aunque Covey no lo hubiera dicho en su libro, la condicionante de los líderes establece precisamente que tienen y demuestran un carácter como persona que les permite erigirse como líderes. Pensemos en cualquier líder, alguien que aunque ya no esté con nosotros siga manteniendo el reconocimiento de su liderazgo a pesar del paso del tiempo y veremos en él ese carácter que le permite hacer lo correcto más allá de lo conveniente.

 

Lo conveniente generalmente, si no es que siempre, no es otra cosa más que la expresión del miedo: hago esto pues si hago lo otro ganaré menos, o me embroncaré más, o me señalarán, etc., etc., etc., y si se fundamenta en el miedo entonces nos hace reos de una de las peores facetas que como seres humanos podemos experimentar ya que el miedo agota, reprime, destruye.

 

La única manera de vivir un proyecto de vida real es sin miedo, y esto solo puede lograrse cuando se tienen valores y principios pero además se tiene esa fuerza interna personal que llamo carácter para vivir, defender e incluso imponer esos valores y principios a las adversidades, retos y obstáculos que puedan experimentarse.

 

Ese carácter, al igual que esos principios y valores que podríamos tener en nuestra vida, no surgen de la noche a la mañana, se van construyendo desde nuestra más tierna infancia y fortaleciendo conforme vamos creciendo. Pero esto no quiere decir que no podamos hacer nada si a estas alturas todo ello no ha sido cultivado, claro que siempre puede hacerse algo, solo que mientras más tarde comience uno más trabajo, esfuerzo y ¿por qué no? dolor implicará.

 

Cualquier situación que haga que esa voz interna nos diga que no vamos por donde deberíamos puede servirnos para detenernos un momento y pensar y evaluar nuestro actuar. En ese momento son tres preguntas las que puede ayudarnos a generar ese carácter para hacer lo correcto más que lo conveniente: ¿me gustaría me hicieran a mí esto que yo ahora voy a hacer?, ¿este actuar me hace sentir orgulloso ante mí mismo y ante los demás?, ¿seguiría con la decisión de hacer esto si hoy fuera mi último día de vida?

 

Si cualquier cosa que pensemos requiere de esfuerzo para hacerla ¡ahora imaginemos el esfuerzo que se requerirá cuando hablamos de algo como un proyecto de vida!, pero de la misma forma no puede haber mayor satisfacción que trabajar en eso que somos y más aún, en lo que podemos llegar a ser, pero para ello se requiere saber y tener en cuenta que hacer lo correcto, aunque a veces no sea lo conveniente, requiere de carácter.

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx

                                                    

 

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/F81KW5QNLDo

 

 

También del mismo autor: Curso internacional para el mundo de habla hispana  “¿Tu helado se derritió? -Construcción dinámica de liderazgo trascendental-”. Más información en: https://go.hotmart.com/B91847525Q

 

 


jueves, 19 de marzo de 2026

No pienses en las caídas como algo injusto, piensa mejor como algo que te hace humano


 Desde el primer momento en que en nuestra más tierna infancia nos pusimos de pie todos sabían que en algún momento nos caeríamos, conforme hemos ido creciendo esas caídas físicas han dado lugar a las caídas personales, pero estas últimas al igual que las primeras, solo señalan dos cosas: una es que estamos en la lucha por avanzar en nuestra vida, la otra y muy importante es que somos humanos.

 

A nadie nos gusta equivocarnos. Cuando la responsabilidad de algo que no se logra recae sobre nosotros no hay manera, al menos lógica y creíble, de responsabilizar a los demás por lo que el peso a cargar es doble: el de la caída y el de la responsabilidad de la misma.

 

Una caída, como menciono, puede ser un quebranto momentáneo o bien un fracaso permanente. En el primer caso hablamos de situaciones adversas que nos afectan en nuestro andar sin detenerlo del todo, mientras que en el segundo hablamos de la cancelación de toda esperanza por continuar nuestra lucha. Independientemente de si hablamos de infortunio temporal o definitivo, el verdadero problema es la animosidad negativa que esto nos genera. Piensa en esto: la meta que por una u otra razón has dejado temporal o definitivamente de alcanzar está igual respecto de ti que cuando comenzaste a luchar por ella, es decir, sigue estando fuera de tu alcance, pero la falla experimentada en su consecución ha acarreado a tu vida, sobre todo a tu vida interna, un estado de ánimo que no solo merma la calidad de la misma sino que socava tus proyectos

futuros.

 

¿Querías lograr algo y no pudiste? A veces así pasa, ¡ah!, ¿pero eso te ha traído una pesadumbre que como loza aplasta tu vida? Que mal, si antes no tenías lo que buscabas y no estabas mal, ¿por qué ahora sí lo estás? Si vemos de otra forma una situación como esta podríamos concluir que todo tu esfuerzo para lo único que sirvió fue para dejarte peor que antes. Y no creo ese sea el objetivo de nuestra lucha.

 

Entonces, ¿cómo ver las caídas que experimentamos? ¿Y quien dijo que las teníamos que ver de una u otra forma? Las caídas no se ven: se experimentan, se aceptan y se dejan de lado mientras retomamos nuestra vida. Pero no solo eso, si logramos hacernos dueños de nuestro andar las caídas, por más estruendosas que sean, pueden incluso traer cosas buenas a nuestra vida, ¿cómo qué? como sencillez, humildad, tolerancia, empatía.

 

En la edad media los alquimistas buscaban con denuedo la famosa piedra filosofal, una sustancia que según esto facultaba para transmutar el plomo en oro. Nunca la encontraron. Pero lo interesante de esto es que tu, yo y todos nosotros podemos erigirnos en estos tiempos como verdaderos alquimistas al tomar nuestra vida en nuestras manos sin permitir que las caídas sean quienes la dominen y convertir, transmutar, esos malos estados internos que las caídas traen a nuestra vida en verdaderas pepitas de oro para nuestro desarrollo humano.

 

Una técnica muy sencilla para lo anterior: cuando estés experimentando un momento aciago motivo de una caída hazte la siguiente pregunta: ¿hasta dónde voy a permitir que este quebranto que acabo de experimentar trastoque mi proyecto de vida? El solo hecho de hacerte esta pregunta te permitirá poner las  cosas en perspectiva y recobrar la plenitud de tus habilidades para tomar las decisiones que te permitan retomar tu andar.

 

Quiero cerrar retomando el ejemplo dado al inicio. Piensa en todos los cientos, miles, millones de pasos que has dado y compara con las pocas, poquísimas caídas en comparación que has experimentado, pues bien, de la misma forma los logros y realizaciones que como persona tendrás serán mucho mayores que tus caídas si te mantienes en la lucha, así que no pienses en las caídas como algo injusto, piensa mejor como algo que te hace humano.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx

                                                    

 

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/hjSkM9DuC5U

 

 

También del mismo autor: Curso internacional para el mundo de habla hispana  “¿Tu helado se derritió? -Construcción dinámica de liderazgo trascendental-”. Más información en: https://go.hotmart.com/B91847525Q

 

 


jueves, 12 de marzo de 2026

Al inicio los límites no alcanzarás y ya luego ¡los límites no importarán!


 Los humanos somos seres duales, por un lado estamos limitados por el tiempo y el espacio y por otro no conocemos límites cuando de ideas, creatividad o trascendencia hablamos, éstas dos dualidades coexisten en nosotros y de las dos

debemos aprender y enriquecernos sin dejar nunca que una excluya a la otra.

 

“¿Falta mucho para llegar?”, esta frase es aquella con la que los niños hacen un viaje más pesado al estar preguntando constantemente por el tiempo que falta para llegar a nuestro destino y es que desde que nacemos sabemos que todo tiene un principio y un final así que el camino que se inicia para llegar a una parte cuenta con un término al cual se desea llegar y por el que se pregunta.

 

Esta actitud de preocuparse por el principio y el final de algo, podemos extrapolarla a los aspectos de nuestra vida, sean estos personales, profesionales, familiares, sociales y demás, cuando constantemente estamos poniendo nuestra atención en lo que consideramos los límites que nos acotan.

 

Cualquier cosa que emprendas tiene (o al menos así lo sentirás) límites propios que te condicionan. Por ejemplo: estudiar algo implica que tendrás que dedicarle tiempo y esfuerzo (incluso en ocasiones dinero) lo cual es finito y por lo tanto debe ser bien aprovechado. De la misma forma cualquier cosa que hagas podrás identificarle ciertos límites que por decirlo en cierta forma constituyen condicionantes que no pueden soslayarse.

 

No quiero disertar sobre si los límites que pudiéramos enumerar de una u otra actividad de la vida humana existen o no, doy por hecho que si, al menos muchos de ellos, pero lo que sí me parece de importancia resaltar es ese cambio que el andar por la vida, más bien el luchar en la vida, va haciendo en ti y que es que esos límites pierden importancia pues la vida misma adquiere el valor que de inicio debe tener.

 

Me gusta ejemplificar esto como aquel deportista o acróbata que cuando comienza a practicar algún deporte o a preparar una nueva acrobacia, está pendiente de las condiciones limitantes para hacer bien las cosas e incluso para proteger su integridad física, pero conforme este deportista o este acróbata va adquiriendo maestría en su desempeño la actividad fluye casi automáticamente con una destreza y una seguridad que los límites iniciales prácticamente se borran del horizonte de quien ahora puede decir domina lo que emprendió.

 

Fíjate que hablé de “maestría”, pues bien, esa maestría que no es otra cosa que el dominio de lo que hacemos, puede realizarse en todos los aspectos de nuestra vida que nos propongamos, incluso en nuestra vida en conjunto, con lo que los límites con los que nos topemos, existan realmente o no, pasarán a un segundo término pues lo que adquirirá importancia será lo que somos y lo que hacemos. Quiero explicar esto último ya que cuando los límites son los que están en primer lugar en tu vida estamos hablando de un enfoque en la misma hacia cosas que no eres tú sino más bien cosas que funcionan como fronteras para ti, pero cuando se adquiere esa maestría esos límites existan o no ya no son prioridad uno sino que tú misma vida se vuelve, o más bien recobra, la importancia cardinal que siempre debe tener.

 

¿Y qué puede hacerse para poner tu vida y no los límites en primer lugar? Una técnica muy sencilla (yo a estas técnicas las llamo “técnicas de bolsillo”) es que en este momento pienses en algo que en alguna ocasión consideraste imposible de realizar y que finalmente terminaste consiguiendo. El pensar en eso te debe hacer ver que en muchas ocasiones los límites, que pueden ser reales o no, actúan como barreras reales que finalmente son franqueadas si nuestra voluntad nos mantiene en la pelea.

 

Dicen que todo en esta vida requiere de esfuerzo, mucho o poco, pero esfuerzo al fin, y es verdad, ese esfuerzo si es constante nos permite desarrollar un carácter a prueba de todo y avanzar incluso a pesar de lo que tengamos en contra, así que no detengas tu andar recuerda que al inicio los límites no alcanzarás y ya luego ¡los límites no importarán!

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx

                                                    

 

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/6mPVXOARjRI

 

 

También del mismo autor: Curso internacional para el mundo de habla hispana  “¿Tu helado se derritió? -Construcción dinámica de liderazgo trascendental-”. Más información en: https://go.hotmart.com/B91847525Q


miércoles, 4 de marzo de 2026

No es golpeando el suelo como avanzaras en la vida, sino dando pasos firmes y decididos


 Muchas reflexiones sobre liderazgo, emprededurismo y motivación hacen referencia al peso que para conseguir algo tiene nuestra actitud ante las luchas cotidianas que experimentaos, y esto es verdad, pero hay que agregar que la variable actitud también tiene un peso enorme en las caídas que uno experimenta.

 

Las reflexiones sobre la actitud aunada al esfuerzo necesario para alcanzar las metas y objetivos que nos propongamos es algo que seguro estoy todos conocemos, todos hemos oído, y en muchos casos, todos hemos aplicado. Cuando uno sale a la batalla en pos de lo que desea necesita ir con la totalidad de  sus recursos para ello, y esos recursos se aglutinan en la actitud que nos envuelva como coraza.

 

Una actitud correcta, es decir, optimista pero no ingenua, valerosa pero no aventurada, emotiva pero no irrazonable, nos permite focalizar nuestros recursos y nuestros esfuerzos así como dinamizar las fuerzas físicas, mentales, emocionales y espirituales para avanzar en pos de lo que nos hemos planteado. Pero la cuestión de la actitud no se circunscribe solamente a la faena de buscar conseguir  o que queremos, sino también al aspecto que tiene que ver con los golpes que experimentemos en nuestro andar, golpes en la forma de fracasos, caídas y derrotas.

 

Ya en otras ocasiones he señalado claramente que no existen fracasos o derrotas permanentes, de hecho he comentado que solo podemos decir que hemos fracasado o que se nos ha derrotado cuando decidimos dejar de luchar, mientras tanto podemos pensar en esos momentos de oscuridad en nuestro andar como algo pasajero, un bache, a veces muy hondo, del cual saldremos más delante.

 

Y es en esos momentos aciagos donde la actitud con que los enfrentemos tendrá mucho que decir para las acciones subsecuentes que tomemos. Esa actitud para nada está relacionada con el derrotismo o el fatalismo que tan fácilmente viene a nosotros cuando ante un escollo sentimos venirse el mundo encima y evaporarse la meta que estábamos persiguiendo.

 

Ese derrotismo al cual me refiero quiere decir que maximizamos los obstáculos a los cuáles nos enfrentamos, sobre todo porque ante las caídas pareciera que esos obstáculos son más fuertes que nuestra determinación por salir adelante, pero esto no es así ya que incluso en la vida real uno puede tropezarse con una pequeña piedra lo cual no vuelve a esa piedra una montaña inamovible.

 

El fatalismo es peor pues no tiene que ver con algo tan específico como un obstáculo, como en el caso del derrotismo, sino con una visión sombría de nuestra existencia donde creemos que todo nos sale mal o que nunca podremos lograr nada de lo que nos hemos propuesto.

 

Ambas actitudes son tremendamente pesadas, como una losa de concreto que quisiéramos cargar voluntariamente para detenernos y no avanzar más. ¿Te fijas que he dicho voluntariamente?, así es, voluntariamente pues nadie nos impone ni el derrotismo ni el fatalismo pero son actitudes que permiten, al menos así lo vemos, el justificar el tirar todo por la borda.

 

Siempre he mencionado que en nuestro andar nos podemos tomar un descanso, sobre todo en situaciones adversas como las que menciono, pero nunca claudicar de conseguir nuestras metas. Vale esto para lo que estamos comentando. En vez de la actitud derrotista o fatalista es mejor descansar, despejar la mente, el alma, el espíritu y volver de nuevo a la carga cuando hayamos recobrado nuestras energías y sobre todo la actitud correcta para seguir en la lucha.

 

Obstáculos para lograr lo que nos propongamos siempre encontraremos, de la misma forma en nuestro interior siempre tendremos dos opciones ante las caídas que experimentemos: tirar todo por la borda o seguir luchando, tú decidirás en todos los casos, solo recuerda que no es golpeando el suelo como avanzaras en la vida, sino dando pasos firmes y decididos.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx

                                                    

 

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/-BLF1L9pem4

 

 

También del mismo autor: Curso internacional para el mundo de habla hispana  “¿Tu helado se derritió? -Construcción dinámica de liderazgo trascendental-”. Más información en: https://go.hotmart.com/B91847525Q

 

 


miércoles, 25 de febrero de 2026

Todo esfuerzo tiene su recompensa, si no la encuentras fuera búscala dentro de ti


 Sin duda alguna que una de las más grandes frustraciones que podemos experimentar es cuando todos nuestros esfuerzos no reditúan en lograr aquello que nos estábamos proponiendo, pero dado que tampoco puede quedar todo esfuerzo en nada deberíamos preguntarnos qué cambios logró en nosotros.

 

En un taller de liderazgo les propuse un ejercicio para reflexionar sobre el tema de esfuerzos-resultados sobre todo de cara a las derrotas que enfrentamos, de igual forma te propongo lo vayas siguiendo. Lo primero que les pedí es que escribieran algún esfuerzo que hubieran realizado para conseguir algo con la condición de que ese algo no se hubiera logrado. Algunos escribieron cuestiones profesionales, otros personales, pero en todos lo común es que había un esfuerzo sin una correspondiente conquista de metas u objetivos.

 

Después les pedí dejaran esa hoja y en otra escribieran el por qué comían. Así es, les pedía escribieran el por qué cada día se alimentaban. La mayor parte de las respuestas giraba en torno a comer para estar vivo. Entonces les pedí me dijeran que ese estar vivo les permitía hacer. En este punto surgieron una infinidad de respuestas tales como trabajar, leer, divertirse, caminar, estudiar, etc. Llegado a esto les pedí vieran como el resultado inmediato, comer, daba pauta a muchos otros que no habíamos pensado pero que ahí estaban.

 

Posteriormente les pedí retomaran el primer papel, aquel del esfuerzo que no había fructificado, y en la misma tónica les pedí que, obviando el resultado que no se había logrado, señalaran que otras cosas les dejó ese esfuerzo. En todos los casos hubo respuestas, algunas iban en el sentido de aprendizaje, otras en un sentido más práctico de experiencia, e incluso algunas respuestas giraban en torno a oportunidades diferentes a la meta inicial que se abrieron ante el fracaso experimentado.

 

Generalmente nuestro cerebro tiende a estructurar el mundo de una manera lógica donde al paso uno le sigue el paso dos, pero en realidad el mundo y nuestra existencia es multidimensional por lo que no puede aprisionarse en una serie de pasos concatenados sino más bien saltar de un paso a cualquier otro.

 

Va este ejercicio y esta explicación para todos esos esfuerzos que hemos hecho y que desde nuestra perspectiva lógica de paso uno-paso dos, no han redituado en lo que esperábamos, para hacernos ver cómo es que precisamente ese esfuerzo fue necesario para otra cosa, otra cosa que o no sabíamos existía (como en el caso de las oportunidades no esperadas que salen ante los fracasos experimentados) o bien no hubiéramos estado dispuestos a experimentar por lo difícil que fuera ese trance aún y cuando eso nos sirviera para crecer como personas.

 

No quiero adelantar muchas conclusiones que cada quien debe sacar ante las reflexiones que estoy aquí haciendo, pero sí deslizar la idea de que en ocasiones me parece que las cosas en que andamos entretenidos, esas que requieren nuestro esfuerzo y demás, en realidad son secundarias, son el pretexto para algo más grande que sucede en nuestra vida pero que no vemos precisamente por salir de nuestro campo de percepción. Estas reflexiones y estos ejercicios pueden llevarte a descubrir de qué se trata.

 

Si partimos del hecho de que a cada acción corresponde una reacción entonces tendremos que esperar que todo lo que hacemos sirve para algo en nuestra vida, aunque de inicio no seamos capaces de percibirlo así, así que no olvides que todo esfuerzo tiene su recompensa, si no la encuentras fuera búscala dentro de ti.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx

                                                    

 

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/hDoe6uG7jlo

 

 

También del mismo autor: Curso internacional para el mundo de habla hispana  “¿Tu helado se derritió? -Construcción dinámica de liderazgo trascendental-”. Más información en: https://go.hotmart.com/B91847525Q

 

 


viernes, 20 de febrero de 2026

Cada paso que imprimes en tu vida te cambia a ti... y al camino que recorres


 El dinamismo de la vida es tal que en ocasiones podemos pensar que al final lo que resultamos es el producto de la confluencia de las fuerzas que enfrentamos y esto es en parte verdad, la otra parte de esta verdad tiene que ver con que nuestro andar también incide en el mundo en que vivimos y en la sociedad de la cual somos parte.

 

¿Cuántas veces hemos escuchado a tal o cual persona señalar que lo que ahora es se debe a lo que ha vivido? Yo creo que varias veces, tal vez no todas de manera explícita pero implícita detrás de una actitud que busca responsabilizar a todos y a todo de lo que cada quien es.

 

Esta es una actitud normal, pero para nada provechosa. Normal en el sentido de que al relacionar a factores ajenos a nosotros lo que hemos llegado a ser no somos para nada responsables de lo que hemos hecho y lo que hemos llegado a ser, por ende es una actitud por demás cómoda. Pero como comenté para nada es provechosa ya que esa actitud nos hace desligarnos completamente de nuestros deberes para con nosotros mismos y casi casi quedar al garete de los vaivenes de la vida.

 

No podemos negar que mucho de lo que somos es precisamente por lo que hemos vivido, pero adjudicar a esto último la totalidad de nuestra persona es mostrarnos como seres sin capacidad, sin voluntad, sin carácter. Una actitud de provecho reconoce, si, la incidencia de los factores externos en lo que somos pero también aplica la capacidad volitiva libre y personal de cada uno para incidir en sí mismo, en el mundo y en los demás.

 

Sobre esto último quiero extenderme un poco más pues no creo que la incidencia de nuestras acciones en uno mismo sea difícil de entender, pero sí creo que muchos piensan que lo que uno hace no impacta para nada, o cuando mucho lo hace muy poco, en los demás o en la sociedad.

 

Y me quiero extender pues esa visión no es del todo correcta. Casos hay de actuares personales que aunque siendo individuales lograron grandes cambios en las maneras de ser y hacer de las gentes, pueblos y naciones. En esos casos claramente no eran personas fuera de lo común en un sentido amplio, aunque sí en un sentido de que creían en lo que pensaban y de que actuaban en consecuencia con lo que sentían.

 

Pero independientemente de que nuestras acciones no vayan por el derrotero de los grandes cambios y los grandes logros no por eso dejan de incidir en lo que el mundo y la sociedad es.

 

Pensemos un momento que todo lo que conocemos, refiriéndonos a la sociedad a la que pertenecemos, no es más que el resultado de la suma de las partes, partes que venimos siendo todos y cada uno de nosotros. Luego entonces lo que somos de alguna forma incide en lo que el mundo es, por lo que cualquier cambio que hagamos en nuestra persona, para bien o para mal, necesariamente repercutirá en el todo.

 

La lucha constante que llamamos vida no solo es para lograr nuestros sueños, metas y objetivos sino también para incidir en el mundo y en la sociedad, después de todo cada paso que imprimes en tu vida te cambia a ti... y al camino que recorres.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx

                                                    

 

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/maDyeELpaVU

 

 

También del mismo autor: Curso internacional para el mundo de habla hispana  “¿Tu helado se derritió? -Construcción dinámica de liderazgo trascendental-”. Más información en: https://go.hotmart.com/B91847525Q

 

 


viernes, 13 de febrero de 2026

Creer que perder una batalla es perder la guerra es tener una visión de muy corto plazo


 Sin duda alguna que una de las pruebas más difíciles que como personas podemos experimentar es cuando nos enfrentamos a los tropiezos y caídas que relacionamos con el fracaso, pero de la misma forma podemos tener la sabiduría para ver y entender que una caída no implica el final de nuestro caminar.

 

En una ocasión en un taller de liderazgo pregunté que si cuántos de los que estaban ahí habían experimentado alguna caída en su vida, algún tropezón en el andar hacia sus metas y objetivos, obvio que todos levantaron la mano; luego pregunté que dado que veía a todos ahí era más que obvio que su vida no había terminado ¿qué fue lo que sucedió?, respuestas más respuestas menos contestaron que habían seguido adelante. Ese es el resumen de todos los cursos de motivación, liderazgo y emprendedurismo a los que puedan ir, les señalé.

 

A veces estamos tan enfrascados en nuestros problemas que necesitamos que alguien externo a ellos y a nuestra vida nos diga cosas que pueden parecer obvias pero que de otra forma no veríamos. Es como el que se está ahogando, en ocasiones requerirá que otra persona se lance al agua a sacarlo pues en su misma desesperación es capaz de ahogarse pues no piensa en ese momento ni mucho menos coordina sus movimientos.

 

Va este comentario porque me doy cuenta que en muchas ocasiones las respuestas de la vida son extremadamente obvias y sencillas, pero el camino para llegar a ellas puede ser largo y extenuante. Este de seguir nuestro andar a pesar de las caídas es una de esas respuestas.

 

En los cursos que doy me extiendo mucho más sobre este tema hasta que queda claro pues me he dado cuenta que el énfasis motivacional también puede confundir a las personas al hacerles creer que casi casi deben ser ajenos a los problemas que enfrentan, lo cual no es así. En esos eventos dejo muy claro que está bien detenernos un poco, llorar, deprimirnos, descansar en otras palabras, pero no ver la caída como el final de nuestro andar y entender que una vez renovado las fuerzas debemos volver a la lucha.

 

Este punto medio es el que me gusta resaltar: ni dejarse derrotar por las caídas, pero tampoco pensar que no podemos detenernos un poco para descansar cuando enfrentemos una. El otro punto es sustentar mis argumentos con las vivencias personales de cada uno, por eso la pregunta de las caídas que se han experimentado y el seguir andando que se ha practicado.

 

Tú no estás en un evento como ese pero sí lees esto y puedes hacer las reflexiones anteriores. Piensa en un momento de vida oscuro, difícil, un momento en el que experimentaste una caída de la cual pensaste nunca recuperarte. Incluso puede ser que en efecto esa caída implicara el no seguir en pos de tal proyecto. Pero date cuenta como la vida siguió y tú con ella y como es que llegaste a donde ahora estas con mayor fuerza, carácter y entereza.

 

Ese carácter, fuerza y entereza se refleja en el hecho de que tu vida siguió y tú con ella y de que fuiste capaz de hallar una salida a aquel problema que experimentaste. ¿Y la meta? Bien pudiste seguir en pos de ella o tal vez no. Hay metas que no están ahí para nosotros. La cuestión es seguir avanzando. ¿Y cómo sé si una meta estaba ahí para mí o no? sencillo: si a pesar de que ha pasado el tiempo sigue ese fuego interno relacionado con la meta consumiéndote entonces es algo que debes seguir procurando, si no tal vez sea mejor que sigas con tu vida, ya vendrán más retos y por ende logros.

 

La vida está llena de éxitos y fracasos, éxitos y fracasos que no nos definen como personas pero que sí podemos usarlos como peldaños en esa escalera de vida que usamos para llegar a ser más y mejores, así que no lo olvides creer que perder una batalla es perder la guerra es tener una visión de muy corto plazo.

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx

                                                    

 

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/h3yCjYUIi0o

 

 

También del mismo autor: Curso internacional para el mundo de habla hispana  “¿Tu helado se derritió? -Construcción dinámica de liderazgo trascendental-”. Más información en: https://go.hotmart.com/B91847525Q